DIOS PUEDE SER HALLADO EN EL CORAZÓN DEL HOMBRE
La salud corporal es un bien para el hombre; pero lo que interesa no es saber el porqué de la salud, sino el poseerla realmente. En efecto, si uno explica los beneficios de la salud, mas luego toma un alimento que produce en su cuerpo humores malignos y enfermedades, ¿de qué le habrá servido aquella explicación, si se ve aquejado por la enfermedad? En este mismo sentido hemos de entender las palabras que comentamos, o sea, que el Señor llama dichosos no a los que conocen algo de Dios, sino a los que lo poseen en sí mismos. Dichosos, pues, los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Y no creo que esta manera de ver a Dios, la del que tiene el corazón limpio, sea una visión externa, por así decirlo, sino que más bien me inclino a creer que lo que nos sugiere la magnificencia de esta afirmación es lo mismo que, de un modo más claro, dice en otra ocasión: El reino de Dios está dentro de vosotros; para enseñarnos que el que tiene el corazón limpio de todo afecto desordenado a las creaturas contempla, en su misma belleza interna, la imagen de la naturaleza divina.
Yo diría que esta concisa expresión de aquel que es la Palabra equivale a decir: «Oh vosotros, los hombres en quienes se halla algún deseo de contemplar el bien verdadero, cuando oigáis que la majestad divina está elevada y ensalzada por encima de los cielos, que su gloria es inexplicable, que su belleza es inefable, que su naturaleza es incomprensible, no caigáis en la desesperación, pensando que no podéis ver aquello que deseáis.»
Si os esmeráis con una actividad diligente en limpiar vuestro corazón de la suciedad con que lo habéis embadurnado y ensombrecido, volverá a resplandecer en vosotros la hermosura divina. Cuando un hierro está ennegrecido, si con un pedernal se le quita la herrumbre, en seguida vuelve a reflejar los resplandores del sol; de manera semejante, la parte interior del hombre, lo que el Señor llama el corazón, cuando ha sido limpiado de las manchas de herrumbré contraídas por su reprobable abandono, recupera la semejanza con su forma original y primitiva y así, por esta semejanza con la bondad divina, se hace él mismo enteramente bueno.
Por tanto, el que se ve a sí mismo ve en sí mismo aquello que desea, y de este modo es dichoso el limpio de corazón, porque al contemplar su propia limpieza ve, como a través de una imagen, la forma primitiva. Del mismo modo, en efecto, que el que contempla el sol en un espejo, aunque no fije sus ojos en el cielo, ve reflejado el sol en el espejo, no menos que el que lo mira directamente, así también vosotros -es como si dijera el Señor-, aunque vuestras fuerzas no alcancen a contemplar la luz inaccesible, si retornáis a la dignidad y belleza de la imagen que fue creada en vosotros desde el principio, hallaréis aquello que buscáis dentro de vosotros mismos.
La divinidad es pureza, es carencia de toda inclinación viciosa, es apartamiento de todo mal. Por tanto, si hay en ti estas disposiciones, Dios está en ti. Si tu espíritu, pues, está limpio de toda mala inclinación, libre de toda afición desordenada y alejado de todo lo que mancha, eres dichoso por la agudeza y claridad de tu mirada, ya que, por tu limpieza de corazón, puedes contemplar lo que escapa a la mirada de los que no tienen esta limpieza, y, habiendo quitado de los ojos de tu alma la niebla que los envolvía, puedes ver claramente, con un corazón sereno, un bello espectáculo. Resumiremos todo esto diciendo que la santidad, la pureza, la rectitud son el claro resplandor de la naturaleza divina, por medio del cual vemos a Dios.
RESPONSORIO Jn 14, 6. 9; 6, 47
R. Dice el Señor: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. * El que me ve ve también al Padre.»
V. El que cree en mí tiene vida eterna.
R. El que me ve ve también al Padre.
ORACIÓN.
OREMOS,
Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
sábado, 27 de junio de 2020
viernes, 26 de junio de 2020
Cuando se encuentra la miseria humana también se encuentra la misericordia de Dios.
2 Reyes 25, 1-12
El año noveno del reinado de Sedecías, el día diez del décimo mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén con todo su ejército, acampó frente a ella y construyó torres de asalto alrededor.
La ciudad quedó sitiada hasta el año once del reinado de Sedecías, el día noveno del mes cuarto.
El hambre apretó en la ciudad, y no había pan para la población.
Se abrió brecha en la ciudad, y los soldados huyeron de noche por la puerta entre las dos murallas, junto a los jardines reales, mientras los caldeos rodeaban la ciudad, y se marcharon por el camino de la estepa.
El ejército caldeo persiguió al rey; lo alcanzaron en la estepa de Jericó, mientras sus tropas se dispersaban abandonándolo.
Apresaron al rey y se lo llevaron al rey de Babilonia, que estaba en Ribla, y lo procesó.
A los hijos de Sedecías los hizo ajusticiar ante su vista; a Sedecías lo cegó, le echó cadenas de bronce y lo llevó a Babilonia.
El día primero del quinto mes, que corresponde al año diecinueve del reinado de Nabucodonosor en Babilonia, llegó a Jerusalén Nabusardán, jefe de la guardia, funcionario del rey de Babilonia.
Incendió el templo, el palacio real y las casas de Jerusalén, y puso fuego a todos los palacios.
El ejército caldeo, a las órdenes del jefe de la guardia, derribó las murallas que rodeaban a Jerusalén.
Nabusardán, jefe de la guardia, se llevó cautivos al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de la plebe. De la clase baja dejó algunos como viñadores y hortelanos.
Palabra de Dios
Uno de los puntos más neurálgicos y dolorosos que ha tenido nuestra iglesia catolica es el abuso sexual. Ese punto oscuro que ha manchado la hermosura, la divinidad, el amor y la santidad de Cristo por algunos que utilizaron su poder dentro de la iglesia para hacer cosas abominables contra los inocentes, especialmente contra nuestros niños y niñas.
Ante tanta maldad es entendible desde el dolor humano que no podamos encontrar o es imposible creer en un Dios que guardaba silencio mientras se cometieron esas injusticias y abusos contra menores. En la primera lectura nos presenta una escena donde Dios guarda silencio mientras el templo es devorado por las llamas, y un rey que huye como un cobarde para luego ser atrapado y humillado hasta el extremo.
Qué podemos aprender de semejantes hechos? Que la degradación del ser humano aparece cuando alimentamos y le damos rienda suelta a nuestras pasiones y deseos retorcidos que hay en nuestro corazón. Que así como en nuestra Iglesia Católica hay algunos han sido pederastas también han habido hombres y mujeres que han alcanzado la santidad. No se nos puede olvidar, que tenemos un Dios que sufre con nosotros, llora con nosotros, padece las injusticias como nosotros. Pero además, Dios que es justo, El único Santo y único Justo tarde o temprano llega El hacer justicia y aquel quien hizo todas esas atrocidades será atrapado y humillado hasta el extremo.
Salmo 136 " Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti"
Mateo 8, 1-4
En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: "Señor, si quieres, puedes limpiarme". Extendió la mano y lo tocó diciendo: "¡Quiero, queda limpio!" Y en seguida quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: "No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés".
Palabra del Señor
Esta expresión la escuché y me gusto “ Donde se encuentra la miseria humana también se encuentra la misericordia divina”.
Ayer comencé los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola con el libro “ The Ignatian adventure”, y algo que me llamó la atención en la introducción del programa fue esto lo que dijo el Padre Larry Gillick en el primer video “ Jesús hoy te hace esta pregunta, Realmente quien eres? “.
Ante esta pregunta debemos ser lo más honestos con nosotros mismos. Adiós a las justificaciones y a creernos nuestras propias mentiras. Hay que ser paciente y amable contigo mismo, no te trates mal pero tampoco seas tan flexible. Se honesto contigo mismo,de cara a la Luz de Dios desnuda tu alma y escucha la respuesta realmente quien eres. Luego ora por lo que recibes de cara a cara con Dios. Y es que cuando tu descubres tu miseria también encuentras la misericordia de Dios.
Hoy en el evangelio vemos como este leproso se acerca, se arrodilla, le dice y recibe. Wow! esos son los mismos pasos que nosotros debemos de hacer.
La lectura comienza diciéndonos “ En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. En esto, se le acercó un leproso”. A pesar de haber tanta gente Jesús nos conoce a cada uno de nosotros. El sabe tu nombre, tu historia, tus fragilidades, lo que vales. Por causa de la multitud el leproso no se queda quieto, sino que se acerca a Jesús. Solo se acerca quien conoce al otro, en este caso a Cristo. Y como nosotros lo conocemos, como Jesucristo se da a conocer nos preguntamos. En su palabra, en el silencio frente al sagrario, en la intimidad del corazón, cuando practicamos las obras de misericordia, en los sacramentos, en el buen consejo de un amigo, en una prédica, también a través de los testimonios.
Ahora si sabemos cómo Jesús se da a conocer y donde encontrarlo, ahora la pregunta se devuelve hacia nosotros. Cual es nuestra actitud? si buscamos a Jesús? Si nos acercamos a Él lo conoceremos y tendremos una experiencia de su gran amor. La lectura nos continúa diciendo que el leproso se arrodilló.
El gesto de arrodillarse es postrarse, es reconocer la majestad, la divinidad, la grandeza de Dios y la pequeñez de nosotros. Este gesto de postura también nos enseña que nuestro orgullo debe bajarse, volvernos cada vez más pequeños para que Cristo crezca más en mi ser como nos lo decía Juan Bautista. Postrarnos ante Jesús es conocer nuestra miseria, nuestras incoherencias, nuestra doble moral, las máscaras que nos ponemos para agradar a los demás. A renglón seguido el leproso le habla a Jesús.
El leproso le dice :"Señor, si quieres, puedes limpiarme" . Este hombre reconoce su lepra. El leproso al desnudar su alma ante Jesús reconoce lo que es, su historia, su vida, y su propia miseria y al rendirse lo hace con humildad porque le pide al Señor “ si quieres, puedes limpiarme". Es también un manera de abandonarse en las manos de Cristo. El leproso se abandona a la misericordia de Jesús.
Mi amado Jesús, quiero acercarme así como el leproso del evangelio, acercarme más a Tu Palabra que me muestra tu corazón, acercarme en el silencio frente al sagrario para experimentar tu amor, en los sacramentos para descubrir que no estoy solo, en el buen consejo de un sacerdote porque ahí estás también tú, y a través de los testimonios para descubrir que Tu tienes el poder de volver a crear algo nuevo y bueno en mi. Dame la gracia de postrarme ante ti para descubrir mi pequeñez y tu grandeza. Que conociéndome a profundidad reconozca mi miseria humana y poder encontrar Tu misericordia. Hoy te digo desde lo profundo de mi corazón, “ Señor si quieres límpiame”, límpiame de todo aquello que me aparta de ti, porque quiero ser como Tu mi Señor, Amen.
Dios te bendiga,
Mi amado Jesús, quiero acercarme así como el leproso del evangelio, acercarme más a Tu Palabra que me muestra tu corazón, acercarme en el silencio frente al sagrario para experimentar tu amor, en los sacramentos para descubrir que no estoy solo, en el buen consejo de un sacerdote porque ahí estás también tú, y a través de los testimonios para descubrir que Tu tienes el poder de volver a crear algo nuevo y bueno en mi. Dame la gracia de postrarme ante ti para descubrir mi pequeñez y tu grandeza. Que conociéndome a profundidad reconozca mi miseria humana y poder encontrar Tu misericordia. Hoy te digo desde lo profundo de mi corazón, “ Señor si quieres límpiame”, límpiame de todo aquello que me aparta de ti, porque quiero ser como Tu mi Señor, Amen.
Dios te bendiga,
Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!
--
† Que la paz y el Amor del Señor permanezca en tu corazón como en el mio...
Sandra Yudy Zapata Escudero
Encuentranos en : www.catolicosregina.com
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LA ESPERANZA DE VER A DIOS
La promesa de Dios es ciertamente tan grande que supera toda felicidad imaginable. ¿Quién, en efecto, podrá desear un bien superior, si en la visión de Dios lo tiene todo? Porque, según el modo de hablar de la Escritura, ver significa lo mismo que poseer; y así, en aquello que leemos: Que veas la prosperidad de Jerusalén, la palabra «ver» equivale a tener. Y en aquello otro: Que sea arrojado el impío, para que no vea la grandeza del Señor, por «no ver» se entiende no tener parte en esta grandeza.
Por lo tanto, el que ve a Dios alcanza por esta visión todos los bienes posibles: la vida sin fin, la incorruptibilidad eterna, la felicidad imperecedera, el reino sin fin, la alegría ininterrumpida, la verdadera luz, el sonido espiritual y dulce, la gloria inaccesible, el júbilo perpetuo y, en resumen, todo bien.
Tal y tan grande es, en efecto, la felicidad prometida que nosotros esperamos; pero, como antes hemos demostrado, la condición para ver a Dios es un corazón puro, y, ante esta consideración, de nuevo mi mente se siente arrebatada y turbada por una especie de vértigo, por la duda de si esta pureza de corazón es de aquellas cosas imposibles y que superan y exceden nuestra naturaleza. Pues si esta pureza de corazón es el medio para ver a Dios, y si Moisés y Pablo no lo vieron, porque, como afirman, Dios no puede ser visto por ellos ni por cualquier otro, esta condición que nos propone ahora la Palabra para alcanzar la felicidad nos parece una cosa irrealizable. ¿De qué nos sirve conocer el modo de ver a Dios, si nuestras fuerzas no alcanzan a ello? Es lo mismo que si uno afirmara que en el cielo se vive feliz, porque allí es posible ver lo que no se puede ver en este mundo. Porque, si se nos mostrase alguna manera de llegar al cielo, sería útil haber aprendido que la felicidad está en el cielo. Pero, si nos es imposible subir allí, ¿de qué nos sirve conocer la felicidad del cielo sino solamente para estar angustiados y tristes, sabiendo de qué bienes estamos privados y la imposibilidad de alcanzarlos? ¿Es que Dios nos invita a una felicidad que excede nuestra naturaleza y nos manda algo que, por su magnitud, supera las fuerzas humanas?
No es así. Porque Dios no creó a los volátiles sin alas, ni mandó vivir bajo el agua a los animales dotados para la vida en tierra firme. Por tanto, si en todas las cosas existe una ley acomodada a su naturaleza, y Dios no obliga a nada que esté por encima de la propia naturaleza, de ello deducimos, por lógica conveniencia, que no hay que desesperar de alcanzar la felicidad que se nos propone, y que Juan y Pablo y Moisés, y otros como ellos, no se vieron privados de esta sublime felicidad, resultante de la visión de Dios; pues, ciertamente, no se vieron privados de esta felicidad ni aquel que dijo: Ahora me aguarda la corona merecida, que el Señor, justo juez, me otorgará, ni aquel que se reclinó sobre el pecho de Jesús, ni aquel que oyó de boca de Dios: Te he conocido más que a todos. Por tanto, si es indudable que aquellos que predicaron que la contemplación de Dios está por encima de nuestras fuerzas son ahora felices, y si la felicidad consiste en la visión de Dios, y si para ver a Dios es necesaria la pureza de corazón, es evidente que esta pureza de corazón, que nos hace posible la felicidad, no es algo inalcanzable. Los que aseguran, pues, tratando de basarse en las palabras de Pablo, que la visión de Dios está por encima de nuestras posibilidades se engañan y están en contradicción con las palabras del Señor, el cual nos promete que, por la pureza de corazón, podemos alcanzar la visión divina.
RESPONSORIO Sal 62, 2; 16, 15
R. Mi alma está sedienta de ti, Dios mío; * mi carne tiene ansia de ti.
V. Yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante.
R. Mi carne tiene ansia de ti.
ORACIÓN.
OREMOS,
Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
jueves, 25 de junio de 2020
Nuestro cuarto de reblujos, el cuarto de sanalejo…..
2 Reyes 24, 8-17
Cuando Jeconías subió al trono tenía dieciocho años, y reinó tres meses en Jerusalén.
Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, natural de Jerusalén. Hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre.
En aquel tiempo, los oficiales de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la cercaron. Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén cuando sus oficiales la tenían cercada. Jeconías de Judá se rindió al rey de Babilonia, con su madre, sus ministros, generales y funcionarios.
El rey de Babilonia los apresó el año octavo de su reinado. Se llevó los tesoros del templo y del palacio y destrozó todos los utensilios de oro que Salomón, rey de Israel, habla hecho para el templo según las órdenes del Señor. Deportó a todo Jerusalén, los generales, los ricos -diez mil deportados-, los herreros y cerrajeros; sólo quedó la plebe.
Nabucodonosor deportó a Jeconías a Babilonia. Llevó deportados, de Jerusalén a Babilonia, al rey y sus mujeres, sus funcionarios y grandes del reino, todos los ricos-siete mil deportados-, los herreros y cerrajeros-mil deportados-, todos aptos para la guerra. En su lugar nombró rey a su tío Matanías, y le cambió el nombre en Sedecías.
Palabra de Dios
Hoy la primera lectura nos trae el momento dramático y triste que es el destierro a Babilonia. El pueblo de Dios sale de su propia tierra, un tirano como es Nabucodonosor,lo altanero y blasfemo que llega este rey hasta burlarse de todo y profanarlo todo.
Toda historia tiene algo que es triste y decepcionante pero por el otro lado va haber una enseñanza, un aprendizaje. Es verdad cuando se afirma “ El ser humano aprende más no cuando el viento está a su favor sino cuando el viento está en contra “. o también “ El ser humano aprende mas no cuando alcanza los éxitos sino en los fracasos”.
Esta situación donde el rey Jeconías y la ciudad santa, Jerusalén, quedan en poder del enemigo,queda desprotegida de alguna manera y bajo la presión del rey tirano de Nabucodonosor también nos va traer un regalo al final. Cuando el pueblo de Dios vuelve del destierro, el Pequeño resto que habrá de quedar, buscará servir a Dios con una libertad y sinceridad que antes no existieron. Eso es la conversión.
El ser humano es complejo, mientras más golpes se de contra el mismo por su terquedad, por su orgullo, por su obstinación al querer sacar a Dios de su vida, al final cuando se de cuenta que las cosas a su manera no lo llevan a ninguna parte, se volverá hacia Dios desde la libertad y sinceridad, y no habrá nada ni nadie que lo vuelva hacer mirar hacia atrás, porque el Señor a conquistado su corazón. Ahí es donde se comienza el proceso de la conversión.
Salmo 78 " Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre"
Mateo 7, 21-29
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No todo el que me dice: "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Aquel día muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?" Yo entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados."
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente."
Palabra del Señor
Hoy el evangelio nos advierte Jesús que tengamos cuidado con muchos ritualismos exteriores solo para ser vistos. Que nuestras prácticas fervorosas hacia Dios no se pueden quedar en ritos vacíos sino que todas ellas nos deben llevar a la sincera conversión.
Jesús hoy nos exhorta de una manera muy dura pero si que es necesario en su tiempo y en nuestro tiempo. Todos nosotros hemos tenido alguien de cerca que es muy piadoso, muy rezandero, de muchos ritos y practicas exteriores y va uno a mirar su vida y da mucho qué decir. Hay incoherencia, falsedad, doble moral, no hay integridad. Pero también podemos decir que algunos si tiene una vida coherente con el evangelio, son personas íntegras y eso lo podemos ver en la vida de los santos.
Es de ahí, que no culpo aquellas personas que se alejan de Dios por los malos testimonios que damos. Prendemos una vela a Dios y otra vela al diablo. Con los mismos labios que le cantamos, le adoramos y le damos gracias a Dios los utilizamos para maldecir, para criticar, o traer cizaña, para acabar con el nombre del otro. Le oramos a Dios y gastamos tiempo para entrar en “ comunión con Él”, pero como nos cuesta servir a nuestro hermano. Le pedimos a Dios que nos perdone, pero como nos cuesta perdonar. Hacemos obras de caridad en su “ Nombre” pero a la vez estamos esperando la recompensa , el aplauso y por qué no el reconocimiento de los demás. Pedimos y esperamos que los demás nos comprendan pero somos incapaces de entender al otro. Como nos hace de daño el fariseísmo, como nos creemos tan buenos porque hacemos cosas para Dios, ser bueno no es lo que él hace a través de nosotros sino en nosotros. Como nos dejamos corregir por El, cómo me rindo ante Él en aquellas áreas rebeldes de mi vida. De Él viene todo lo bueno y si hacemos algo bueno es El mismo quien lo hace y no nosotros. Si hay sanaciones, es porque es obra de Dios y no de nosotros. Si tenemos el don de profetizar, no somos nosotros sino que es El mismo quien profetiza utilizando nuestros labios. Es que hacer la voluntad no es hacer muchas cosas para Dios, porque podemos ser muy buenos para hacer cosas para Dios pero aun tenemos nuestro espacio que es de nosotros, nuestro cuarto de sanalejo que nadie puede venir a organizarnos porque allí está nuestro reblujo.
Días pasados escuché al padre John Mario Montoya hablando de nuestro cuarto de sanalejo. Todos en la casa tenemos un cuarto que ponemos el reblujo, las cosas viejas, que no usamos, que están ahí por si algún día las utilizamos. Cuando tenemos un invitado le mostramos toda la casa excepto ese cuarto de reblujo. Así es nuestra vida, mostramos lo mejor de nosotros, nos esforzamos en mantener una apariencia agradable y bonita para los demás y hasta al mismo Dios. Pero que nadie entre a ese cuarto de sanalejo o de reblujo. Que nadie entre a organizar lo que hay allí. Hoy Jesús te pide.. Me dejas entrar a tu cuarto de reblujos? me dejas entrar a tu cuarto de sanalejo?
Mi amado Jesús, hoy reconozco que todo lo bueno que hay en mi es por Tu gracia. Hoy aprendí que no es tanto hacer cosas para ti, sino dejar que Tú obres en mi. Se que tengo mi cuarto de reblujo, mi cuarto de sanalejo. Allí están aquellas áreas de mi vida que hasta ahora han sido rebeldes. Muchas veces he negado que tu entres allí porque ahí hay apegos, hay recuerdos de dolor, de frustración, de tristeza. Hoy me dices que por mas que quiera mostrar la mejor versión de mi mismo a los demás pero si aun tengo este cuarto de sanalejo en mi, estoy teniendo actitudes de fariseo, estoy teniendo doble moral, no estoy dejando que Tu Palabra me sane desde adentro. Dame la gracia de rendirme ante tu presencia, para que tu puedas hacer algo nuevo y bueno en mi en esas áreas de mi vida que son tan difíciles de entregarte. Amen.
Dios te bendiga,
Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!
Cuando Jeconías subió al trono tenía dieciocho años, y reinó tres meses en Jerusalén.
Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, natural de Jerusalén. Hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre.
En aquel tiempo, los oficiales de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la cercaron. Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén cuando sus oficiales la tenían cercada. Jeconías de Judá se rindió al rey de Babilonia, con su madre, sus ministros, generales y funcionarios.
El rey de Babilonia los apresó el año octavo de su reinado. Se llevó los tesoros del templo y del palacio y destrozó todos los utensilios de oro que Salomón, rey de Israel, habla hecho para el templo según las órdenes del Señor. Deportó a todo Jerusalén, los generales, los ricos -diez mil deportados-, los herreros y cerrajeros; sólo quedó la plebe.
Nabucodonosor deportó a Jeconías a Babilonia. Llevó deportados, de Jerusalén a Babilonia, al rey y sus mujeres, sus funcionarios y grandes del reino, todos los ricos-siete mil deportados-, los herreros y cerrajeros-mil deportados-, todos aptos para la guerra. En su lugar nombró rey a su tío Matanías, y le cambió el nombre en Sedecías.
Palabra de Dios
Hoy la primera lectura nos trae el momento dramático y triste que es el destierro a Babilonia. El pueblo de Dios sale de su propia tierra, un tirano como es Nabucodonosor,lo altanero y blasfemo que llega este rey hasta burlarse de todo y profanarlo todo.
Toda historia tiene algo que es triste y decepcionante pero por el otro lado va haber una enseñanza, un aprendizaje. Es verdad cuando se afirma “ El ser humano aprende más no cuando el viento está a su favor sino cuando el viento está en contra “. o también “ El ser humano aprende mas no cuando alcanza los éxitos sino en los fracasos”.
Esta situación donde el rey Jeconías y la ciudad santa, Jerusalén, quedan en poder del enemigo,queda desprotegida de alguna manera y bajo la presión del rey tirano de Nabucodonosor también nos va traer un regalo al final. Cuando el pueblo de Dios vuelve del destierro, el Pequeño resto que habrá de quedar, buscará servir a Dios con una libertad y sinceridad que antes no existieron. Eso es la conversión.
El ser humano es complejo, mientras más golpes se de contra el mismo por su terquedad, por su orgullo, por su obstinación al querer sacar a Dios de su vida, al final cuando se de cuenta que las cosas a su manera no lo llevan a ninguna parte, se volverá hacia Dios desde la libertad y sinceridad, y no habrá nada ni nadie que lo vuelva hacer mirar hacia atrás, porque el Señor a conquistado su corazón. Ahí es donde se comienza el proceso de la conversión.
Salmo 78 " Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre"
Mateo 7, 21-29
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No todo el que me dice: "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Aquel día muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?" Yo entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados."
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente."
Palabra del Señor
Hoy el evangelio nos advierte Jesús que tengamos cuidado con muchos ritualismos exteriores solo para ser vistos. Que nuestras prácticas fervorosas hacia Dios no se pueden quedar en ritos vacíos sino que todas ellas nos deben llevar a la sincera conversión.
Jesús hoy nos exhorta de una manera muy dura pero si que es necesario en su tiempo y en nuestro tiempo. Todos nosotros hemos tenido alguien de cerca que es muy piadoso, muy rezandero, de muchos ritos y practicas exteriores y va uno a mirar su vida y da mucho qué decir. Hay incoherencia, falsedad, doble moral, no hay integridad. Pero también podemos decir que algunos si tiene una vida coherente con el evangelio, son personas íntegras y eso lo podemos ver en la vida de los santos.
Es de ahí, que no culpo aquellas personas que se alejan de Dios por los malos testimonios que damos. Prendemos una vela a Dios y otra vela al diablo. Con los mismos labios que le cantamos, le adoramos y le damos gracias a Dios los utilizamos para maldecir, para criticar, o traer cizaña, para acabar con el nombre del otro. Le oramos a Dios y gastamos tiempo para entrar en “ comunión con Él”, pero como nos cuesta servir a nuestro hermano. Le pedimos a Dios que nos perdone, pero como nos cuesta perdonar. Hacemos obras de caridad en su “ Nombre” pero a la vez estamos esperando la recompensa , el aplauso y por qué no el reconocimiento de los demás. Pedimos y esperamos que los demás nos comprendan pero somos incapaces de entender al otro. Como nos hace de daño el fariseísmo, como nos creemos tan buenos porque hacemos cosas para Dios, ser bueno no es lo que él hace a través de nosotros sino en nosotros. Como nos dejamos corregir por El, cómo me rindo ante Él en aquellas áreas rebeldes de mi vida. De Él viene todo lo bueno y si hacemos algo bueno es El mismo quien lo hace y no nosotros. Si hay sanaciones, es porque es obra de Dios y no de nosotros. Si tenemos el don de profetizar, no somos nosotros sino que es El mismo quien profetiza utilizando nuestros labios. Es que hacer la voluntad no es hacer muchas cosas para Dios, porque podemos ser muy buenos para hacer cosas para Dios pero aun tenemos nuestro espacio que es de nosotros, nuestro cuarto de sanalejo que nadie puede venir a organizarnos porque allí está nuestro reblujo.
Días pasados escuché al padre John Mario Montoya hablando de nuestro cuarto de sanalejo. Todos en la casa tenemos un cuarto que ponemos el reblujo, las cosas viejas, que no usamos, que están ahí por si algún día las utilizamos. Cuando tenemos un invitado le mostramos toda la casa excepto ese cuarto de reblujo. Así es nuestra vida, mostramos lo mejor de nosotros, nos esforzamos en mantener una apariencia agradable y bonita para los demás y hasta al mismo Dios. Pero que nadie entre a ese cuarto de sanalejo o de reblujo. Que nadie entre a organizar lo que hay allí. Hoy Jesús te pide.. Me dejas entrar a tu cuarto de reblujos? me dejas entrar a tu cuarto de sanalejo?
Mi amado Jesús, hoy reconozco que todo lo bueno que hay en mi es por Tu gracia. Hoy aprendí que no es tanto hacer cosas para ti, sino dejar que Tú obres en mi. Se que tengo mi cuarto de reblujo, mi cuarto de sanalejo. Allí están aquellas áreas de mi vida que hasta ahora han sido rebeldes. Muchas veces he negado que tu entres allí porque ahí hay apegos, hay recuerdos de dolor, de frustración, de tristeza. Hoy me dices que por mas que quiera mostrar la mejor versión de mi mismo a los demás pero si aun tengo este cuarto de sanalejo en mi, estoy teniendo actitudes de fariseo, estoy teniendo doble moral, no estoy dejando que Tu Palabra me sane desde adentro. Dame la gracia de rendirme ante tu presencia, para que tu puedas hacer algo nuevo y bueno en mi en esas áreas de mi vida que son tan difíciles de entregarte. Amen.
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Sandra Yudy Zapata Escudero
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DIOS ES COMO UNA ROCA INACCESIBLE
Lo mismo que suele acontecer al que desde la cumbre de un alto monte mira algún dilatado mar, esto mismo le sucede a mi mente cuando desde las alturas de la voz divina, como desde la cima de un monte, mira la inexplicable profundidad de su contenido.
Sucede, en efecto, lo mismo que en muchos lugares marítimos, en los cuales, al contemplar un monte por el lado que mira al mar, lo vemos como cortado por la mitad y completamente liso desde su cima hasta la base, y como si su cumbre estuviera suspendida sobre el abismo; la misma impresión que causa al que mira desde tan elevada altura a lo profundo del mar, la misma sensación de vértigo experimento yo al quedar como en suspenso por la grandeza de esta afirmación del Señor: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dios se deja contemplar por los que tienen el corazón purificado. Nadie ha visto jamás a Dios, dice san Juan; y Pablo confirma esta sentencia con aquellas palabras tan elevadas: A quien ningún hombre vio ni puede ver. Esta es aquella piedra leve, lisa y escarpada, que aparece como privada de todo sustentáculo y aguante intelectual; de ella afirmó también Moisés en sus decretos que era inaccesible, de manera que nuestra mente nunca puede acercarse a ella por más que se esfuerce en alcanzarla, ni puede nadie subir por sus laderas escarpadas, según aquella sentencia: Nadie puede ver al Señor y seguir viviendo.
Y, sin embargo, la vida eterna consiste en ver a Dios. Y que esta visión es imposible lo afirman las columnas de la fe, Juan, Pablo y Moisés. ¿Te das cuenta del vértigo que produce en el alma la consideración de las profundidades que contemplamos en estas palabras? Si Dios es la vida, el que no ve a Dios no ve la vida. Y que Dios no puede ser visto lo atestiguan, movidos por el Espíritu divino, tanto los profetas como los apóstoles. ¿En qué angustias, pues, no se debate la esperanza del hombre? Pero el Señor levanta y sustenta esta esperanza que vacila. Como hizo en la persona de Pedro cuando estaba a punto de hundirse, al volver a consolidar sus pies sobre las aguas.
Por lo tanto, si también a nosotros nos da la mano aquel que es la Palabra, si, viéndonos vacilar en el abismo de nuestras especulaciones, nos otorga la estabilidad, iluminando un poco nuestra inteligencia, entonces ya no temeremos, si caminamos cogidos de su mano. Porque dice: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
RESPONSORIO Jn 1, 18; Sal 144, 3
R. Nadie ha visto jamás a Dios; * el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien nos lo ha dado a conocer.
V. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza.
R. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien nos lo ha dado a conocer.
ORACIÓN.
OREMOS,
Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
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