viernes, 2 de noviembre de 2018

Ayer celebrabamos la Victoria de Cristo con el día de todos los santos y hoy suplicamos la misericordia de Dios por los fieles difuntos.



Job 19,1.23-27a
Respondió Job a sus amigos: "¡Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá se grabaran en cobre, con cincel de hierro y en plomo se escribieran para siempre en la roca! Yo sé que está vivo mi Redentor, y que al final se alzará sobre el polvo: después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios; yo mismo lo veré, y no otro, mis propios ojos lo verán."
Palabra de Dios


Salmo 28 " A ti, Señor, levanto mi alma"

Filipenses 3,20-21
Hermanos: Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo.
Palabra de Dios


Marcos 15,33-39;16,1-6
Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente: "Eloí, Eloí, lamá sabaktaní". (Que significa: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?") Algunos de los presentes, al oírlo, decían: "Mira, está llamando a Elías." Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo: "Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo." Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: "Realmente este hombre era Hijo de Dios."

[Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: "¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?" Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo: "No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron."]
Palabra de Dios
Te alabamos Señor


El misterio central de nuestra Fe es la resurrección de Cristo. Cristo vence la muerte con su resurrección. Él es levantado del sepulcro y manifiesta el sentido de toda su vida, que no fue otra cosa sino una continua ofrenda de amor. Es que el freno para amar, lo que nos detiene de amar más y mejor es la muerte. Sentimos que si amamos demasiado perdemos lo nuestro y nos quedamos sin nada. Pero Cristo ha amado hasta quedarse sin nada, porque se ha "vaciado" de sí mismo en la cruz (cf. Flp 2,7). Cristo ha asumido el riesgo terrible de ofrecerse y El pone su esperanza solamente de la voluntad del Padre. La resurrección de Cristo es entonces la respuesta de amor del Padre, que así manifiesta el triunfo de un amor que no se mide, un amor que no se limita porque no se detiene ante la muerte.

Ayer celebrabamos el día de todos los santos, la victoria de Cristo y la gloria de Dios. Santos y santas que se dejaron seducir por el amor de Cristo y alcanzaron la santidad. Esa es la Iglesia de Cristo triunfante.

Hoy recordamos a los difuntos, osea la iglesia que purga, que necesita ser purificada más allá de la muerte. Es recordar con amor a nuestros difuntos, no sólo nuestros seres queridos sino todos y entregarlos a la misericordia de Dios, orando por ellos y pidiéndoles en la medida en que la caridad se los permita nos auxilien a nosotros también.  Esta es la Iglesia que pide misericordia de Dios.

El tema de la muerte nos recuerda que después de la muerte hay una vida que continúa porque Dios resucitó a Cristo, Él también nos resucitará en el dia final de nuestra vida. Ese es el misterio central de nuestra fe.

La importancia de nuestras oraciones por los fieles difuntos llevan por consiguiente un doble sello: caridad hacia ellos y certeza de la victoria de Cristo. Les amamos, pero no con un amor nostálgico, o el recuerdo, sino con el amor propio de la victoria del Señor. Este precioso acto de misericordia no solo lo debemos hacer en el dia de hoy, sino siempre orar por ellos para que algun dia puedan alcanzar y gozar la visión de Dios. 

La mejor manera de recordar con amor a nuestros difuntos es uniendonos al amor más grande, es decir, al amor de Cristo en la Eucaristía. Allí precisamente donde se renueva la ofrenda viva de Cristo, allí fundamos nuestro amor y nuestra esperanza mientras rogamos por nuestros hermanos difuntos.

Señor Jesús, ayer celebrabamos la Iglesia victoria con los santos y santas faros de luz que fueron gigantes en el amor por ti, ayúdanos a alcanzar ese galardón como es la vida eterna junto a ti, que cada paso en este mundo sea la construcción de la escalera para llegar al cielo. Hoy te pedimos misericordia y nos unimos en oración por todos los fieles difuntos de nuestra iglesia para que ellos puedan alcanzar y gozar la visión del Padre del cielo. Por último, te pedimos Señor por todos los que hacemos parte de tu iglesia que peregrina para que evangelicemos y proclamar nuestra fe en tu  resurrección, por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amen, Amen, Amen.

DIos te bendiga,

Alabado sea Jesucristo!!!

--
† Que la paz y el Amor del Señor permanezca en tu corazón como en el mio...
     Sandra Yudy Zapata Escudero

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Santa Misa


Lectio Divina

Del Libro de san Ambrosio, obispo, Sobre la muerte de su hermano Sátiro
(Libro 2, 40. 41. 46. 47. 132. 133: CSEL 73, 270-274. 323-324)

MURAMOS CON CRISTO, Y VIVIREMOS CON ÉL
Vemos que la muerte es una ganancia y la vida un sufrimiento. Por esto dice san Pablo: Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia. Cristo, a través de la muerte corporal, se nos convierte en espíritu de vida. Por tanto, muramos con él, y viviremos con él. En cierto modo debemos irnos acostumbrando y disponiendo a morir, por este esfuerzo cotidiano que consiste en ir separando el alma de las concupiscencias del cuerpo, que es como irla sacando fuera del mismo para colocarla en un lugar elevado, donde no puedan alcanzarla ni pegarse a ella los deseos terrenales, lo cual viene a ser como una imagen de la muerte, que nos evitará el castigo de la muerte. Porque la ley de la carne está en oposición a la ley del espíritu e induce a ésta a la ley del error. ¿Qué remedio hay para esto? ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias a Dios, por Jesucristo, Señor nuestro, me veré libre!

Tenemos un médico, sigamos sus remedios. Nuestro remedio es la gracia de Cristo, y el cuerpo de muerte es nuestro propio cuerpo. Por lo tanto, emigremos del cuerpo, para no vivir lejos del Señor; aunque vivimos en el cuerpo, no sigamos las tendencias del cuerpo ni obremos en contra del orden natural, antes busquemos con preferencia los dones de la gracia.

¿Qué más diremos? Con la muerte de uno solo fue redimido el mundo. Cristo hubiese podido evitar la muerte, si así lo hubiese querido; mas no la rehuyó como algo inútil, sino que la consideró como el mejor modo de salvarnos. Y, así, su muerte es la vida de todos. Hemos recibido el signo sacramental de su muerte, anunciamos y proclamamos su muerte siempre que nos reunimos para ofrecer la eucaristía; su muerte es una victoria, su muerte es sacramento, su muerte es la máxima solemnidad anual que celebra el mundo.

¿Qué más podremos decir de su muerte, si el ejemplo de Cristo nos demuestra que ella sola consiguió la inmortalidad y se redimió a sí misma? Por esto no debemos deplorar la muerte, ya que es causa de salvación para todos; no debemos rehuirla, puesto que el Hijo de Dios no la rehuyó ni tuvo en menos el sufrirla.

Además, la muerte no formaba parte de nuestra naturaleza, sino que se introdujo en ella; Dios no instituyó la muerte desde el principio, sino que nos la dio como un remedio. En efecto, la vida del hombre, condenada, por culpa del pecado, a un duro trabajo y a un sufrimiento intolerable, comenzó a ser digna de lástima: era necesario dar fin a estos males, de modo que la muerte restituyera lo que la vida había perdido. La inmortalidad, en efecto, es más una carga que un bien, si no entra en juego la gracia.

Nuestro espíritu aspira a abandonar las sinuosidades de esta vida y los enredos del cuerpo terrenal y llegar a aquella asamblea celestial, a la que sólo llegan los santos, para cantar a Dios aquella alabanza que, como nos dice la Escritura, le cantan al son de la cítara: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos! ¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento; y también para contemplar, Jesús, tu boda mística, cuando la esposa, en medio de la aclamación de todos, será transportada de la tierra al cielo -a ti acude todo mortal-, libre ya de las ataduras de este mundo y unida al espíritu.

Este deseo expresaba con especial vehemencia el salmista, cuando decía: Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida y gozar de la dulzura del Señor.
RESPONSORIO    Cf. 2M 12, 45; Mt 13, 43
R. A aquellos que mueren piadosamente * una magnífica recompensa les está reservada.
V. Los santos brillarán entonces como el sol en el reino de su Padre.
R. Una magnífica recompensa les está reservada.

ORACIÓN.
OREMOS,
Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

jueves, 1 de noviembre de 2018


Dios nos da las bienaventuranzas porque nos quiere enseñar en nuestras vidas que si es posible llegar a la santidad, eso tan difícil de alcanzar pero a la vez que Él mismo nos pide que lleguemos a ser. 

La santidad es un camino que implica combate, no dejándote atrapar por el mundo y vivir agradando a Dios por su Gracia!


Apocalipsis 7,2-4.9-14
Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: "No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios." Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.
Después esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: "¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!" Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: "Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén."
Y uno de los ancianos me dijo: "Ésos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?" Yo le respondí: "Señor mío, tú lo sabrás." Él me respondió: "Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero."
Palabra de Dios


Hoy la primera lectura nos habla acerca de una muchedumbre que nadie podía contar de toda nación, raza, pueblo y lengua. Cierto que el mal hace mucho ruido? claro que si, Cierto que el mal dana mucha gente? si, claro que si. El mal es notorio y hasta se vuelve el pan de cada dia. Solo es prender las noticias, leer el periódico y vemos todas las injusticias que hay en nuestro alrededor. Pero que vemos que la muchedumbre de la primera lectura gritan con voz potente"¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!" . Entonces podemos decir que el bien también existe! no hace tanto ruido porque es discreto, y si que hace mucho bien.

Ayer decíamos que si nos llamamos discípulos de Cristo no podemos ser pasivos sino activos. La iglesia tiene como misión evangelizar y esto es llevar la Buena Noticia de Cristo donde vayamos.Así es pues que a conquistar corazones para Cristo, la peregrinación es larga pero muy bonita, no estamos solos, Cristo va delante de nosotros,  no sufrimos solos, todos vamos en este caminar con Cristo. El cielo se alegra y siente gozo por cada corazón que es conquistado para Cristo, Aleluya!!!

Salmo 23 " Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor"

1 Juan 3,1-3
Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él, se purifica a sí mismo, como él es puro.
Palabra de Dios
Te alabamos Señor


Mateo 5,1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: "Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo."
Palabra de Dios
Te alabamos Señor


Hoy nuestra iglesia celebra la Solemnidad del día de todos los Santos. Que es un santo? Primero tenemos que entender que la santidad es un proceso, un camino que todos podemos avanzar, no está reservado solo para algunos.  La santidad es la presencia de Dios  y por eso es primero búsqueda de Dios. Podemos decir que un santo es aquel que ha sido consecuente y perseverante en su búsqueda de Dios. El santo no es el que nunca a pecado sino el que pecó, se arrepintió y además siempre se pone en camino para buscar parecerse a Cristo el hijo de Dios. Es por eso que la santidad es un camino que implica combate, no dejándome atrapar por el mundo y vivir agradando a Dios

Dios nos llama a la santidad desde lo que somos, desde nuestros aciertos y desaciertos, desde nuestras debilidades y fortalezas, desde nuestros miedos y fracasos.

Es por eso que la lectura del evangelio de hoy son las bienaventuranzas, porque esa es la brújula de santidad para los cristianos. Dios nos da las bienaventuranzas porque nos quiere enseñar en nuestras vidas que si es posible llegar a la santidad, eso tan difícil de alcanzar pero a la vez que Él mismo nos pide que lleguemos a ser. Jesús es el Santo de Dios y en su vida y su palabra está la santidad que Dios ha pensado para nuestras vidas.

Si revisamos con detenimiento las bienaventuranzas son las realidades que se viven en esta tierra  y que preparan la bienaventuranza más allá de esta tierra. No podemos separar la existencia terrena de la vida más allá de este mundo. Hay que tener los pies en la tierra y el ser elevado al cielo. Las bienaventuranzas marcan un camino como es reconocer nuestra propia indigencia, realizar el bien concreto con mi hermano y también vivir la persecución por estar unidos con Cristo.

También podemos decir que las bienaventuranza se anticipa en el banquete eucarístico. El Cristo que comulgamos hoy es el mismo Cristo que nos recibirá en la gloria; el mismo que se dará como alimento dulcísimo en el cielo, para regocijo de ángeles y hombres. Aprender a comulgar es un ejercicio de cielo. Una misa bien vivida es una escuela de alegría, de alabanza y sobre todo de gratitud.

Feliz dia de todos los santos!!!

Señor Jesús, hoy en este día contemplamos el triunfo de todos los santos, hombres y mujeres, como el evangelio se hizo vida en cada uno de ellos y nos dan esperanza para seguir en este combate del mundo para poder así alcanzar a dar el fruto a través de tu gracia Señor y la intercesión de todos los santos. Ayúdanos Señor a entrar en la ruta de la santidad esforzándonos cada día y permitiendo que tu presencia brille en cada obra que hagamos con amor, Amen, Amen, Amen.

Dios te bendiga,

Alabado sea Jesucristo!!!


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† Que la paz y el Amor del Señor permanezca en tu corazón como en el mio...
     Sandra Yudy Zapata Escudero

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Santa Misa


Lectio Divina

De los Sermones de san Bernardo, abad
(Sermón 2: Opera omnia, edición cisterciense, 5 [1968], 364-368 )

APRESURÉMONOS HACIA LOS HERMANOS QUE NOS ESPERAN
¿De qué sirven a los santos nuestras alabanzas, nuestra glorificación, esta misma solemnidad que celebramos? ¿De qué les sirven los honores terrenos, si reciben del Padre celestial los honores que les había prometido verazmente el Hijo? ¿De qué les sirven nuestros elogios? Los santos no necesitan de nuestros honores, ni les añade nada nuestra devoción. Es que la veneración de su memoria redunda en provecho nuestro, no suyo. Por lo que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos, se enciende en mí un fuerte deseo.

El primer deseo que promueve o aumenta en nosotros el recuerdo de los santos es el de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados, de convivir con la asamblea de los patriarcas, con el grupo de los profetas, con el senado de los apóstoles, con el ejército incontable de los mártires, con la asociación de los confesores, con el coro de las vírgenes, para resumir, el de asociarnos y alegrarnos juntos en la comunión de todos los santos. Nos espera la Iglesia de los primogénitos, y nosotros permanecemos indiferentes; desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos caso; nos esperan los justos, y nosotros no prestamos atención.

Despertémonos, por fin, hermanos; resucitemos con Cristo, busquemos las cosas de arriba, pongamos nuestro corazón en las cosas del cielo. Deseemos a los que nos desean, apresurémonos hacia los que nos esperan, entremos a su presencia con el deseo de nuestra alma. Hemos de desear no sólo la compañía, sino también la felicidad de que gozan los santos, ambicionando ansiosamente la gloria que poseen aquellos cuya presencia deseamos. Y esta ambición no es mala, ni incluye peligro alguno el anhelo de compartir su gloria.

El segundo deseo que enciende en nosotros la conmemoración de los santos es que, como a ellos, también a nosotros se nos manifieste Cristo, que es nuestra vida, y que nos manifestemos también nosotros con él, revestidos de gloria. Entretanto, aquel que es nuestra cabeza se nos representa no tal como es, sino tal como se hizo por nosotros, no coronado de gloria, sino rodeado de las espinas de nuestros pecados. Teniendo a aquel que es nuestra cabeza coronado de espinas, nosotros, miembros suyos, debemos avergonzarnos de nuestros refinamientos y de buscar cualquier púrpura que sea de honor y no de irrisión. Llegará un día en que vendrá Cristo, y entonces ya no se anunciará su muerte, para recordarnos que también nosotros estamos muertos y nuestra vida está oculta con el. Se manifestará la cabeza gloriosa y, junto con él, brillarán glorificados sus miembros, cuando transfigurará nuestro pobre cuerpo en un cuerpo glorioso semejante a la cabeza, que es él.

Deseemos, pues, esta gloria con un afán seguro y total. Mas, para que nos sea permitido esperar esta gloria y aspirar a tan gran felicidad, debemos desear también en gran manera la intercesión de los santos, para que ella nos obtenga lo que supera nuestras fuerzas.


ORACIÓN.
OREMOS,
Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar los méritos de todos los santos en una misma solemnidad, te rogamos que, por las súplicas de tan numerosos intercesores, nos concedas en abundancia los dones que te pedimos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

Déjate iluminar para que puedas iluminar a otros con la Luz de Dios.

  Déjate iluminar para que puedas iluminar a otros con la Luz de Dios. Primera lectura Comienzo de la segunda carta del apóstol san Pablo a ...