sábado, 4 de abril de 2020

PARTICIPEMOS PLENAMENTE EN LA PASCUA

Es verdad que ahora celebraremos la Pascua todavía sacramentalmente; sin embargo, lo haremos ya con un conocimiento más claro que en la antigua ley (ya que la Pascua de la ley antigua era -no tengo reparo en decirlo- una figura más oscura que lo que representaba), y de aquí a poco la celebraremos de un modo más puro y perfecto, a saber, cuando aquel que es la Palabra beba con nosotros el vino nuevo en el reino de su Padre, dándonos la plena y clara inteligencia de lo que aquí nos enseñó de un modo más restringido. Decimos «nuevo», pues siempre resulta nuevo lo que se llega a comprender de una manera diferente.

Y ¿en qué consiste esa bebida y esa manera nueva de percibir? Eso es lo que toca a él enseñar a sus discípulos, y a nosotros aprenderlo. Y la doctrina de aquel que alimenta es también alimento.

Celebremos, pues, ahora también nosotros lo mismo que celebraba la ley antigua, pero no en un sentido literal, sino evangélico; de una manera perfecta, no imperfecta; de un modo eterno, no temporal. Sea nuestra capital no la Jerusalén terrena, sino la metrópoli celestial; quiero decir, no ésta que es ahora hollada por los ejércitos, sino la que es ensalzada por las alabanzas y encomios angélicos.

Inmolemos no ya terneros y machos cabríos, que es cosa ya caducada y sin sentido, sino el sacrificio de alabanza, ofrecido a Dios en el altar del cielo, junto con los coros celestiales. Atravesemos el primer velo, no nos detengamos ante el segundo, contemplemos de lleno el santuario. y diré más todavía: inmolémonos nosotros mismos a Dios, inmolemos cada día nuestra persona y toda nuestra actividad, imitemos la pasión de Cristo con nuestros propios padecimientos, honremos su sangre con nuestra propia sangre, subamos con denuedo a la cruz.

Si quieres imitar a Simón de Cirene, toma la cruz y sigue al Señor.

Si quieres imitar al buen ladrón crucificado con él, reconoce honradamente su divinidad; y así como entonces Cristo fue contado entre los malhechores, por ti y por tus pecados, así tú ahora, por él, serás contado entre los justos. Adora al que por amor a ti pende de la cruz y, crucificándote tú también, procura recibir algún provecho de tu misma culpa; compra la salvación con la muerte; entra con Jesús en el paraíso, para que comprendas de qué bienes te habías privado. Contempla todas aquellas bellezas; deja fuera, muerto, lo que hay en ti de murmurador y blasfemo.

Si quieres imitar a José de Arimatea, pide el cuerpo a aquel que lo mandó crucificar; haz tuya la víctima expiatoria del mundo.

Si quieres imitar a Nicodemo, el que fue a Jesús de noche, unge a Jesús con aromas, como lo ungió él para honrado en su sepultura.

Si quieres imitar a María, a la otra María, a Salomé y a Juana, ve de madrugada a llorar junto al sepulcro, y haz de manera que, quitada la piedra del monumento, puedas ver a los ángeles y aun al mismo Jesús.

RESPONSORIO    Hb 13, 12-13; 12, 4

R. Jesús, para santificar con su propia sangre al pueblo, padeció la muerte fuera de la ciudad; * salgamos, pues, hacia éi fuera del campamento, cargando con su oprobio.
V. Pues vosotros no habéis resistido aún hasta el derramamiento de sangre en vuestra lucha contra el pecado.
R. Salgamos, pues, hacia él fuera del campamento, cargando con su oprobio.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios nuestro, aunque continuamente realizas la salvación de los hombres, sin embargo, concedes a tu pueblo gracias más abundantes en este tiempo de Cuaresma; dígnate, pues, mirar con amor el esfuerzo cuaresmal de tus elegidos y concede tu ayuda tanto a los catecúmenos que van a recibir el bautismo como a tus hijos que ya lo hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

viernes, 3 de abril de 2020

La fidelidad de Jesús y el amor sin limites del Padre!!!



Jeremías 20,10-13
Oía el cuchicheo de la gente: "Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo." Mis amigos acechaban mi traspié: "A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él."
Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.
Palabra de Dios


Salmo 17 " En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó"
Juan 10,31-42
En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: "Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?" Los judíos le contestaron: "No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios." Jesús les replicó: "¿No está escrito en vuestra ley: "Yo os digo: Sois dioses"? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre."
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: "Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad." Y muchos creyeron en él allí.
Palabra del Señor

Hay una realidad y es que la fe tiene que ser confrontada por una adversidad porque es ahí donde te das realmente cuenta en quien crees.

Como nos da miedo al futuro, a una enfermedad, a la muerte, a una quiebra económica,  la delincuencia, a una guerra, la pérdida de los seres queridos, en fin. La vida de Jeremías fue una vida marcada por muchos miedos, especialmente debido a la incomprensión y dureza de su propio pueblo. Marcado por una soledad dolorosa por su ministerio profético. Este hombre  vivió con intensidad singular lo que significa "amar a Dios sobre todas las cosas". En su voz, aterrada por las amenazas de sus enemigos, sigue siendo más fuerte el amor a Dios y a su alianza. Esto me recuerda la homilía de ayer del Papa Francisco “ El Señor nos llama y nos da una misión y nos pide ser fieles a la alianza”. Eso lo vemos en la persona de Jeremías.

Para permanecer fieles a la alianza esto nos lo da la Fe. La fe no es un blindaje o una anestesia para evitar sentir dolor. Tampoco es negar la realidad, o la incomprensión. La Fe es una fuerza que nos ayuda a ver mas allá. La fe nos invita a seguir aferrados en quien nos da la vida, Cristo. Cuando ponemos la fe en movimiento ella obra dentro de nosotros y hace que nunca perdamos la esperanza.

En el evangelio recordemos las palabras de Jesús “ Aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.". Jesús nos quiere exhortar al decirnos que tengamos cuidado con nuestra incredulidad. Esta incredulidad de parte de nosotros hace que lo rechazemos y por ende que Jesús quede solo. De alguna manera Jesús sintió lo de Jeremías, soledad, rechazo, incomprensión.

La soledad de Cristo son las mismas llagas de su costado, de sus pies y manos. El a pesar de sentirse solo es obediente al Padre. Su fidelidad perfecta nos muestra a la vez el amor de Dios. Porque lo digo, porque las mismas llagas que muestra el pecado que termina con la muerte de un inocente son las mismas llagas que nos muestra la misericordia de Dios. Jesús nos muestra que el ser humano es cambiante, hoy tus amigos están contigo y mañana no. La soledad que experimentó Cristo es también una llaga del alma. Hoy Jesús nos muestra realmente quien es nuestra verdadera compañía, Dios. La soledad de Cristo nos revela el amor de Dios.

Señor Jesús perdona nuestros pecados y nuestra incredulidad que nos hace rechazar la salvación que Tú nos ofreces. Gracias por derramar tu amor y tu misericordia cada dia. Dame la gracia de reconocer que en la soledad la mejor y única compañía es Dios. Tu llaga del alma causada por la soledad y las llagas por nuestro pecado descubrimos a la vez la misericordia de Dios. Porque en la soledad nos revela el amor de Dios. Amen.

Dios te bendiga,

Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!

--
† Que la paz y el Amor del Señor permanezca en tu corazón como en el mio...
     Sandra Yudy Zapata Escudero

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SE ENTREGÓ POR NOSOTROS

Los sacrificios de víctimas carnales, que la Santísima Trinidad, el mismo y único Dios del antiguo y del nuevo Testamento, había mandado a nuestros padres que le fueran ofrecidos, significaban la agradabilísima ofrenda de aquel sacrificio en el cual el Hijo de Dios había de ofrecerse misericordiosamente según la carne, él solo, por nosotros.

Él, en efecto, como nos enseña el Apóstol, se entregó por nosotros a Dios como oblación de suave fragancia. Él es el verdadero Dios y el verdadero sumo sacerdote, que por nosotros penetró una sola vez en el santuario, no con la sangre de toros o de machos cabríos, sino con su propia sangre. Esto es lo que significaba el sumo sacerdote del antiguo Testamento cuando entraba con la sangre de las víctimas, una vez al año, en el santuario.

Él es, por tanto, el que manifestó en su sola persona todo lo que sabía que era necesario para nuestra redención; él mismo fue sacerdote y sacrificio, Dios y templo; sacerdote por quien fuimos absueltos, sacrificio con el que fuimos perdonados, templo en el que fuimos purificados, Dios con el que fuimos reconciliados. Pero él fue sacerdote, sacrificio y templo sólo en su condición de Dios unido a la naturaleza de siervo; no en su condición divina sola, porque bajo este aspecto todo es común con el Padre y el Espíritu Santo.

Debemos, pues, retener firmemente y sin asomo de duda que el mismo Hijo único de Dios, la Palabra hecha carne, se ofreció por nosotros a Dios en oblación y sacrificio de agradable olor; el mismo al que, junto con el Padre y el Espíritu Santo, los patriarcas, profetas y sacerdotes del antiguo Testamento sacrificaban animales; el mismo al que ahora, en el nuevo Testamento, junto con el Padre y el Espíritu Santo, con los que es un solo Dios, la santa Iglesia católica no cesa de ofrecerle, en la fe y la caridad, por todo el orbe de la tierra, el sacrificio de pan y vino.

Aquellas víctimas carnales significaban la carne de Cristo, que él, libre de pecado, había de ofrecer por nuestros pecados, y la sangre que para el perdón de ellos había de derramar; pero en este sacrificio se halla la acción de gracias y el memorial de la carne de Cristo, que él ofreció por nosotros, y de la sangre, que el mismo Dios derramó por nosotros. Acerca de lo cual dice san Pablo en los Hechos de los apóstoles: Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.

Por tanto, los antiguos sacrificios eran figura y signo de lo que se nos daría en el futuro; pero en este sacrificio se nos muestra de modo evidente lo que ya nos ha sido dado.

Los sacrificios antiguos anunciaban por anticipado que el Hijo de Dios sería muerto en favor de los impíos; pero en este sacrificio se anuncia ya realizada esta muerte, como lo atestigua el Apóstol, al decir: Cuando estábamos nosotros todavía sumidos en la impotencia del pecado, murió Cristo por los pecadores, en el tiempo prefijado por el Padre; y añade: Siendo enemigos, hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.

RESPONSORIO    Cf. Col 1, 21-22; Rm 3,25

R. A vosotros, que antes estabais enajenados y enemigos en vuestra mente por las obras malas, ahora Dios os ha reconciliado en el cuerpo de carne de Cristo mediante la muerte, * presentándoos ante él como santos sin mancha y sin falta.
V. Dios ha propuesto a Cristo como instrumento de propiciación, por su propia sangre y mediante la fe.
R. Presentándoos ante él como santos sin mancha y sin falta.

ORACIÓN.

OREMOS,
Perdona, Señor, las culpas que hemos cometido a causa de nuestra debilidad y, por tu misericordia, líbranos de la esclavitud en que nos tienen cautivos nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

jueves, 2 de abril de 2020

Guardar/ Cuidar/ Vigilar/ Defender ….!!!



Génesis 17,3-9
En aquellos días, Abrán cayó de bruces, y Dios le dijo: "Mira, éste es mi pacto contigo: Serás padre de muchedumbre de pueblos. Ya no te llamarás Abrán, sino que te llamarás Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré crecer sin medida, sacando pueblos de ti, y reyes nacerán de ti. Mantendré mi pacto contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como pacto perpetuo. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios."
Dios añadió a Abrahán: "Tú guarda mi pacto, que hago contigo y tus descendientes por generaciones."
Palabra de Dios


Salmo 104 " El Señor se acuerda de su alianza eternamente"

Juan 8,51-59
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre." Los judíos le dijeron: "Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: "Quien guarde mi palabra no conocerá lo que es morir para siempre"? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?"
Jesús contestó: "Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: "Es nuestro Dios", aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: "No lo conozco" sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría." Los judíos le dijeron: "No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?" Jesús les dijo: "Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo." Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.
Palabra del Señor


La palabra “ guardar “ al buscar su significado en el diccionario de la real academia es : Tener cuidado de algo, vigilarlo y defenderlo.

Recordemos que el Lunes pasado hablábamos que Señor salva sin importar quién eres, el martes hablábamos de la acción de buscar, ayer decía la importancia de permanecer, y hoy la lectura nos invita a guardar o cuidar.
Si seguimos este itinerario que nos trae las lecturas de esta semana entonces tenemos que “ El Señor nos salva “ no por lo que hagamos o dejemos de hacer. Él nos salva porque Él lo quiere hacer y nosotros somos quienes acogemos la salvación o no, el Señor nos extiende su misericordia y nosotros tomamos la decisión de hacerlo o no. Pero para entender la salvación y lo que Jesús nos ofrece tenemos que conocer y reconocer lo que hace el pecado en nosotros.  No solo el pecado nos aleja de Dios, el pecado acaba con nuestra vida porque nos distorsiona la visión esto es los antivalores cristianos no los vemos tan mal como el aborto, la eutanasia, y los valores cristianos como es el matrimonio, el respeto a la vida ya dejan de ser importantes. El pecado daña las relaciones personales porque aparece la intriga, los celos, la envidia, el hablar mal del otro, la infidelidad, el rencor. El Señor quiere sanar nuestras propias heridas y también las relaciones personales. Cristo hace una sanación integral pero si aún no tenemos una visión 2020 (limpia/perfecta/) nunca tendremos la necesidad de acercarnos al que es y da la vida.
Entonces descubrimos el mal en nuestra propia vida por la misericordia de Dios entonces empezamos a buscar donde sabemos, nos ponemos en camino a donde ir. Cuando buscamos y encontramos a Cristo quien nos da el verdadero significado a nuestra existencia nuestra responsabilidad es permanecer en Él y con El.  Permanecer desde la fe que con Él saldremos vencedores a pesar de lo que sucede a nuestro alrededor. En Él ponemos nuestra esperanza y nuestra vida y quien permanece en Él, vivirá. Hoy nos invita la lectura a guardar/cuidar/ Vigilar/ Defender.

Retomando el evangelio Jesús nos dice  "Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre.". La fe que hemos recibido por ejemplo es un regalo de la misericordia de Dios y hay que guardarla, osea cuidarla, vigilarla y defenderla.
Es triste saber que algunas familias Católicas que por generaciones han permanecido en su fe pero las últimas generaciones han cambiado su creencia, su fe. Ellos por ejemplo no han cuidado lo que recibieron.  Ellos no guardaron lo que escucharon. Les da lo mismo ser protestantes, budistas, ateos, practicantes de la nueva era, en fin. Algunos que fueron muy “ católicos “, pero ya sea porque no cuidaron su fe, o debido al pasar por una pérdida o un dolor muy profundo tomaron la decisión de no seguir cuidando la Fe católica y terminaron practicando su propia religión protestante.

Ante esta pandemia, me doy cuenta cómo las personas enfrentan este problema desde los diferentes puntos. Yo personalmente veo la diferencia de las actitudes de las personas, por ejemplo algunos enfrentan esta pandemia con temor, con nostalgia, con preocupación que inmoviliza, con tristeza, con desesperanza. En mi caso por ejemplo este problema lo vivo desde la fe y la esperanza porque no depende de lo que pase hacia fuera de mi, sino donde yo tengo mi esperanza y confianza que es Cristo. Puede sonar esto muy terrible pero yo no le tengo miedo a morir, la manera de morir sí, pero morir no porque yo se quien me está esperando, El Señor. De la misma manera las personas que están a mi lado, seguramente me pondré triste si fallecen pero a la vez tendré la felicidad y la seguridad que Dios las acogio en sus brazos amorosos. Esto uno es capaz de decirlo con tranquilidad y seguridad si se tiene Fe, una fe arraigada en el corazón.

Entonces esto es lo que nos pide Jesús en el evangelio ? Sí, y para ello es que mi vida y la vida de Dios sea solo una lo que significa que la Palabra que escuchó de Dios la comulgo, la acepto, la acojo porque me da la ruta como cristiano para seguir en este peregrinar.

Mi amado Jesús, Tus Palabras son llenas de sabiduría y retomando tu mensaje de esta semana me recuerdas que solo Tu eres quien salva y para valorar tu obra de salvación necesito reconocer lo que el pecado hace en mi vida, en mi familia, en la sociedad, en la comunidad, en Tu Iglesia y en el mundo.  Dame el discernimiento para descubrir la mentira que se camufla. Ayúdame a permanecer contigo con la fuerza y la fusión de Tu Espíritu Santo como también la voluntad y el celo de guardar y cuidar lo que he recibido. Porque Tú me das una promesa “ quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre “, esto significa que mi vida y la vida de Dios sea solo una. La Palabra de Dios que escuchó la comulgo osea la acepto, la acojo porque me da la ruta como cristiano para seguir en este peregrinar. Amen.

Dios te bendiga,

Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!


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     Sandra Yudy Zapata Escudero

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LA IGLESIA, SACRAMENTO VISIBLE DE LA UNIDAD SALUTÍFERA

Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. Pondré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande -oráculo del Señor-.

Pacto nuevo que estableció Cristo, es decir, el nuevo Testamento en su sangre, convocando un pueblo de entre los judíos y los gentiles, que se condensara en unidad no según la carne, sino en el Espíritu, y constituyera un nuevo pueblo de Dios.

Pues los que creen en Cristo -renacidos de germen no corruptible, sino incorruptible, por la palabra de Dios vivo, no de la carne, sino del agua y del Espíritu Santo- son hechos por fin linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios; aquellos que en otro tiempo no eran pueblo y son ahora pueblo de Dios.

Ese pueblo mesiánico tiene por cabeza a Cristo, que fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación y, habiendo conseguido un nombre que está sobre todo nombre, reina ahora gloriosamente en los cielos.

Poseen los que forman este pueblo la dignidad y libertad de los hijos de Dios, y en sus corazones habita el Espíritu Santo como en un templo.

Tienen por ley el mandato de amar como el mismo Cristo nos amó.

Tiene, últimamente, este pueblo como fin la dilatación del reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra, hasta que sea consumado por él mismo al fin de los tiempos, cuando se manifieste Cristo, nuestra vida, y la creación misma se vea liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Aquel pueblo mesiánico, por tanto, aunque de momento no contenga a todos los hombres y muchas veces aparezca como una pequeña grey, es, sin embargo, el germen firmísimo de unidad, de esperanza y de salvación para todo el género humano.
Constituido por Cristo en orden a la comunión de vida, de caridad y de verdad, es empleado también por él como instrumento de la redención universal y es enviado a todo el mundo como luz del mundo y sal de la tierra.

Así como el pueblo de Israel según la carne, cuando peregrinaba por el desierto, fue llamado ya alguna vez Iglesia de Dios, así el nuevo Israel, que va avanzando en este mundo hacia la ciudad futura y permanente, es llamado también Iglesia de Cristo, porque él la adquirió con su sangre, la llenó de su Espíritu y la proveyó de medios aptos para una unión visible y social.

La congregación de todos los creyentes, que miran a Jesús como autor de la salvación y principio de la unidad y de la paz, es la Iglesia convocada y constituida por Dios para que sea sacramento visible de esta unidad salutífera para todos y cada uno.

RESPONSORIO    1Pe 2, 9. 10; Sal 32, 12

R. Vosotros sois pueblo adquirido por Dios; * vosotros que en otro tiempo no erais pueblo sois ahora pueblo de Dios; vosotros que estabais excluidos de la misericordia sois ahora objeto de la misericordia de Dios.
V. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad.
R. Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo sois ahora pueblo de Dios; vosotros que estabais excluidos de la misericordia sois ahora objeto de la misericordia de Dios.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor, atiende a nuestras súplicas y concédenos tu protección, ya que hemos puesto toda nuestra esperanza en tu misericordia; purifícanos de toda mancha de pecado y haz que nos mantengamos en una vida santa, para que lleguemos a recibir la herencia que nos tienes prometida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

miércoles, 1 de abril de 2020

Jesús quiere liberarte de tus esclavitudes !!!


Daniel 3,14-20.91-92.95
En aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo: "¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no respetáis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados al punto al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?" Sidrac, Misac y Abdénago contestaron: "Majestad, a eso no tenemos por qué responder. El Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido."
Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido. El rey los oyó cantar himnos; extrañado, se levantó y, al verlos vivos, preguntó, estupefacto, a sus consejeros: "¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?" Le respondieron: "Así es, majestad." Preguntó: "¿Entonces, cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el horno sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino."
Nabucodonosor entonces dijo: "Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron arrostrar el fuego antes que venerar y adorar otros dioses que el suyo."
Palabra de Dios

Daniel 3 " A ti gloria y alabanza por los siglos"

Juan 8,31-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: "Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres." Le replicaron: "Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: "Seréis libres"?" Jesús les contestó: "Os aseguro que quien comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque no dais cabida a mis palabras. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre."
Ellos replicaron: "Nuestro padre es Abrahán." Jesús les dijo: "Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre." Le replicaron: "Nosotros no somos hijos de prostitutas; tenemos un solo padre: Dios." Jesús les contestó: "Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió."
Palabra del Señor


En la primera lectura nos narra la historia de tres jóvenes Sidrac, Misac y Abdénago quienes desde la Fe permanecen fieles a Dios y esta fidelidad a su Fe hace que el mismo Dios los libera del horno ardiente. Eso es la Fe, es dar testimonio de lo que crees no solo con palabras sino también con actos. Estos tres muchachos son capaces de arriesgarlo todo hasta su propia vida y es que ellos tienen una confianza absoluta en Dios.

Recordemos las palabras de estos muchachos  "nuestro Dios, a quien damos culto, puede librarnos del horno de fuego ardiente y de tu poder, nos librará. Y aunque no lo hiciera, debes saber, oh rey, que no serviremos a tu dios ni nos postraremos ante la estatua de oro que has mandado fabricar". La Fe es esa, es la fe que es capaz de obrar hasta en perjuicio propio. Una fe madura en hombres que apenas parecían muchachos.

En estos momentos de crisis evaluemos nuestra fe, como está nuestra confianza en Dios. No es fácil permanecer en paz sabiendo que algunos familiares y amigos cercanos han perdido su trabajo. Todos los días al ver las noticias escuchamos más muertos,  personas que no tienen qué comer, los gobiernos tratando de cubrir todas las necesidades de los ciudadanos, historias de personas que han vencido el virus, pero también personas que mueren solas, personal médico agotado y personas irresponsables que siguen la vida como si nada pasara. Esta lectura sí que es oportuna en este momento porque el temor quiere atraparnos y que perdamos la esperanza. Esta historia de estos tres jóvenes nos muestra que la Fe es capaz de estar por encima de una calamidad. Y es que a partir de una calamidad lo podemos volver una enseñanza y cada enseñanza nos abre al regalo de la fe.

Que debemos también aprender de estos Jóvenes?
Es un ejemplo del verdadero discípulo. El evangelio Jesús nos dice  "Si permanecen fieles a mi palabra...". La palabra de Jesús es la clave, la referencia, el alimento y el soporte del verdadero discípulo. Y es que unirse a Jesús nos asegura la vida y la libertad. En la medida que le creamos a Jesús seremos sus discípulos. En la medida que sigamos a Jesús conoceremos la verdad, y la verdad es el mismo Jesús. Y si conocemos a Jesús en profundidad seremos libres porque Él nos libera de toda atadura.
Vivir en la verdad de Jesús es vivir como Él vive. Amando como Él ama, perdonar como Él perdona, acoger al otro como Él acoge, servir como Él sirve. Vivir Jesús-mente es tener presente a Jesús en cada momento de tu vida. Tráelo no solo cuando oras, tráelo cuando estás trabajando, tráelo cuando estas hablando con tu hijo o con tu cónyuge, tráelo en cada cosa que haces. Que sea los sentimientos de Cristo quien nos acompañe siempre.

MI amado Jesús, tú mismo nos dices “ la verdad os hará libres “, y es que Tu eres la verdad y Tu esencia es el amor; es por eso que el amor es lo que nos hace libres. Dame la gracia de llenarme de ti y ser transformado por tu amor. Quiero ser extensión de Tu amor para no alimentar el enojo, el rencor, el odio en mi corazón. El amor me ayuda a ser misericordioso como Tú lo eres conmigo, a no perder la paz si veo a la persona que me a ofendido cerca de mi, deseo que tu me ensanches mi corazón para poder acoger al otro.   Tu quieres librarme de mis ataduras y la única manera de ser libre es uniéndome a ti mi Senor, Amen.

Dios te bendiga,

Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!--

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     Sandra Yudy Zapata Escudero

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JESUCRISTO ORA POR NOSOTROS, ORA EN NOSOTROS, Y AL MISMO TIEMPO ES A ÉL A QUIEN DIRIGIMOS NUESTRA ORACIÓN

El mayor don que Dios podía conceder a los hombres es hacer que su Palabra, por quien creó todas las cosas, fuera la cabeza de ellos, y unirlos a ella como miembros suyos, de manera que el Hijo de Dios fuera también hijo de los hombres, un solo Dios con el Padre, un solo hombre con los hombres; y así, cuando hablamos con Dios en la oración, el Hijo está unido a nosotros, y, cuando ruega el cuerpo del Hijo, lo hace unido a su cabeza; de este modo, el único Salvador de su cuerpo, nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ora por nosotros, ora en nosotros, y al mismo tiempo es a él a quien dirigimos nuestra oración.

Ora por nosotros, como sacerdote nuestro; ora en nosotros, como cabeza nuestra; recibe nuestra oración, como nuestro Dios.

Reconozcamos, pues, nuestra propia voz en él y su propia voz en nosotros. Y, cuando hallemos alguna afirmación referente al Señor Jesucristo, sobre todo en las profecías, que nos parezca contener algo humillante e indigno de Dios, no tengamos reparo alguno en atribuírsela, pues él no tuvo reparo en hacerse uno de nosotros.

A él sirve toda creatura, porque por él fue hecha toda creatura, y, por esto, contemplamos su sublimidad y divinidad cuando escuchamos: Ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; ya al principio estaba ella con Dios; por ella empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por ella. Pero los que contemplamos esta divinidad del Hijo de Dios, que supera y trasciende de modo absoluto a toda creatura, por sublime que sea, lo oímos también, en otros lugares de la Escritura, gimiendo y suplicando, como si se reconociera reo de algo.

Y dudamos en atribuirle estas expresiones por el hecho de que nuestra mente, que acaba de contemplarlo en su divinidad, se resiste a descender hasta su abajamiento, y le parece que le hace injuria al admitir unas expresiones humanas en aquel a quien acaba de dirigir su oración como Dios; y, así, duda muchas veces y se esfuerza en cambiar el sentido de las palabras; y lo único que encuentra en la Escritura es el recurso a él, para no errar acerca de él.

Por tanto, que nuestra fe esté despierta y vigilante; y démonos cuenta de que aquel mismo que contemplábamos poco antes en su condición de Dios tomó la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte; y, clavado en la cruz, quiso hacer suyas las palabras del salmo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Por tanto, oramos a él por su condición de Dios, ora él por su condición de siervo; por su condición divina es creador, por su condición de siervo es creado, habiendo asumido él, inmutable, a la creatura mudable, y haciéndonos a nosotros con él un solo hombre, cabeza y cuerpo. Así, pues, oramos a él, por él y en él; hablamos con él y él habla en nosotros.

RESPONSORIO    Jn 16, 24. 23

R. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre. * Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será completa.
V. Yo os lo aseguro: cuanto pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá.
R. Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será completa.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios misericordioso, ilumina los corazones de tus hijos que tratan de purificarse por la penitencia de la Cuaresma y, ya que nos infundes el deseo de servirte con amor, dígnate escuchar paternalmente nuestras súplicas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

Déjate iluminar para que puedas iluminar a otros con la Luz de Dios.

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