sábado, 25 de enero de 2020

PABLO LO SUFRIÓ TODO POR AMOR A CRISTO

Qué es el hombre, cuán grande su nobleza y cuánta su capacidad de virtud lo podemos colegir sobre todo de la persona de Pablo. Cada día se levantaba con una mayor elevación y fervor de espíritu y, frente a los peligros que lo acechaban, era cada vez mayor su empuje, como lo atestiguan sus propias palabras: Olvidando lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que veo por delante; y, al presentir la inminencia de su muerte, invitaba a los demás a compartir su gozo, diciendo: Alegraos y congratulaos conmigo; y, al pensar en sus peligros y oprobios, se alegra también y dice, escribiendo a los corintios: Vivo contento en medio de mis debilidades de los insultos y de las persecuciones; incluso llama a estas cosas armas de justicia, significando con ello que le sirven de gran provecho.

Y así, en medio de las asechanzas de sus enemigos, habla en tono triunfal de las victorias alcanzadas sobre los ataques de sus perseguidores y, habiendo sufrido en todas partes azotes, injurias y maldiciones, como quien vuelve victorioso de la batalla, colmado de trofeos, da gracias a Dios, diciendo: Gracias sean dadas a Dios, que en todo tiempo nos lleva en el cortejo triunfal de Cristo. Imbuido de estos sentimientos, se lanzaba a las contradicciones e injurias, que le acarreaba su predicación, con un ardor superior al que nosotros empleamos en la consecución de los honores, deseando la muerte más que nosotros deseamos la vida, la pobreza más que nosotros la riqueza, y el trabajo mucho más que otros apetecen el descanso que lo sigue. La única cosa que él temía era ofender a Dios; lo demás le tenia sin cuidado. Por esto mismo, lo único que deseaba era agradar siempre a Dios.

Y, lo que era para él lo más importante de todo, gozaba del amor de Cristo; con esto se consideraba el más dichoso de todos, sin esto le era indiferente asociarse a los poderosos y a los príncipes; prefería ser, con este amor, el último de todos, incluso del número de los condenados, que formar parte sin él, de los más encumbrados y honorables.

Para él, el tormento más grande y extraordinario era el verse privado de este amor: para él, su privación significaba el infierno, el único sufrimiento, el suplicio infinito e intolerable.

Gozar del amor de Cristo representaba para él la vida, el mundo, la compañía de los ángeles, los bienes presentes y futuros, el reino, las promesas, el conjunto de todo bien; sin este amor, nada catalogaba como triste o alegre. Las cosas de este mundo no las consideraba, en sí mismas, ni duras ni suaves.

Las realidades presentes las despreciaba como hierba ya podrida. A los mismos gobernantes y al pueblo enfurecido contra él les daba el mismo valor que a un insignificante mosquito.

Consideraba como un juego de niños la muerte y la más variada clase de tormentos y suplicios, con tal de poder sufrir algo por Cristo.

RESPONSORIO    1Tm 1, 13-14; 1Co 15, 9

R. Fui acogido por Dios con toda misericordia, porque obré por ignorancia en el tiempo de mi incredulidad. * Y en verdad que sobreabundó en mí la gracia de nuestro Señor, juntamente con la fe y la caridad de Cristo Jesús.
V. Soy indigno del nombre de apóstol, pues perseguí a la Iglesia de Dios.
R. Y en verdad que sobreabundó en mí la gracia de nuestro Señor, juntamente con la fe y la caridad de Cristo Jesús.

OREMOS,
Señor Dios, que has iluminado al mundo entero con la palabra del apóstol san Pablo, haz que quienes recordamos hoy su conversión, imitando sus ejemplos, anunciemos el Evangelio al mundo y seamos así testigos de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

viernes, 24 de enero de 2020

Jesús nos llama desde lo que somos, El nos crea, nos bendice y nos santifica.



1 Samuel 24, 3-21
En aquellos días, Saúl, con tres mil soldados de todo Israel, marchó en busca de David y su gente hacia las Peñas de los Rebecos; llegó a unos apriscos de ovejas junto al camino, donde había una cueva, y entró a hacer sus necesidades. David y los suyos estaban en lo más hondo de la cueva, y le dijeron a David sus hombres: "Este es el día del que te dijo el Señor: "Yo te entrego tu enemigo. Haz con él lo que quieras"". Pero él les respondió: "¡Dios me libre de hacer eso a mi señor, el ungido del Señor, extender la mano contra él!" Y les prohibió enérgicamente echarse contra Saúl, pero él se levantó sin meter ruido y le cortó a Saúl el borde del manto, aunque más tarde le remordió la conciencia por haberle cortado a Saúl el borde del manto.
Cuando Saúl salió de la cueva y siguió su camino, David se levantó, salió de la cueva detrás de Saúl y le gritó: "¡Majestad!" Saúl se volvió a ver, y David se postró rostro en tierra rindiéndole vasallaje. Le dijo: "¿Por qué haces caso a lo que dice la gente, que David anda buscando tu ruina? Mira, lo estás viendo hoy con tus propios ojos: el Señor te había puesto en mi poder dentro de la cueva; me dijeron que te matara, pero te respeté y dije que no extendería la mano contra mi señor, porque eres el ungido del Señor. Padre mío, mira en mi mano el borde de tu manto: si te corté el borde del manto y no te maté, ya ves que mis manos no están manchadas de maldad, ni de traición, ni de ofensa contra ti, mientras que tú me acechas para matarme. Que el Señor sea nuestro juez. Y que él me vengue de ti; que mi mano no se alzará contra ti. Como dice el viejo refrán: "La maldad sale de los malos...", mi mano no se alzará contra ti. ¿Tras de quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién vas persiguiendo? ¡A un perro muerto, a una pulga! El Señor sea juez y sentencie nuestro pleito, vea y defienda mi causa, librándome de tu mano".
Cuando David terminó de decir esto a Saúl, Saúl exclamó: "Pero ¿es ésta tu voz, David, hijo mío?" Luego levantó la voz, llorando, mientras decía a David: "¡Tú eres inocente, y no yo! Porque tú me has pagado con bienes, y yo te he pagado con males; y hoy me has hecho el favor más grande, pues el Señor me entregó a ti y tú no me mataste. Porque si uno encuentra a su enemigo, ¿lo deja marchar por las buenas? ¡El Señor te pague lo que hoy has hecho conmigo! Ahora, mira, sé que tú serás rey y que el reino de Israel se consolidará en tu mano".
Palabra de Dios


Salmo 56 " Misericordia, Dios mío, misericordia. "
Marcos 3, 13-19
En aquel tiempo, Jesús subió a la montaña, llamó a los que quiso, y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges -Los Truenos-; Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, que lo entregó.
Palabra del Señor


Hoy la primera lectura vemos como David no se deja llevar por el impulso del comentario de sus hombres cuando ellos le dicen "Este es el día del que te dijo el Señor: "Yo te entrego tu enemigo. Haz con él lo que quieras"". Pero David más bien responde con estas palabras "¡Dios me libre de hacer eso a mi señor, el ungido del Señor, extender la mano contra él!" .

David fácilmente no era un hombre pacífico porque en el sentido usual de esa palabra. Acostumbrado a enfrentar fieras y bestias, ya en sus tiempos de pastor, luego sabía bien que la ley en el combate suele ser: matar o morir. Y sin embargo, no atenta contra su evidente enemigo, Saúl, que ciertamente lo busca para matarlo. ¿Por qué?
David recuerda que Saul es el ungido por Dios y por respeto a esa unción, David respeta también al que la ha recibido; detiene su mano ante el ungido, aunque no se lo merezca. Repitamos esto último a pesar de que no se lo merezca humanamente.

Que difícil es para todos nosotros descubrir y reconocer la presencia de Dios donde parece que menos está. No olvidemos que Saúl le había dicho a sus hombres que quería matar a David y su propio hijo Jonathan escucho y alertó a David de lo que su padre pensaba hacer.  Así es que David sabía que Saúl lo quería matar. Entonces si Saúl fuera coherente por ser el ungido de Dios cierto que no debió haber dicho ni pensado semejante cosa?
David miró a Saúl con los ojos de misericordia de Dios. David al actuar de esta manera no solo le dio una lección a sus hombres, sino también a Saúl.
Pidámosle al Señor que nos ayude a tener una mirada de misericordia, un corazón de misericordia, unas palabras cargadas de misericordia, unos oídos de misericordia, porque Jesús vino a llamar a los pecadores para que se arrepintiera, y a los enfermos para sanarlos. 

Por otra parte el evangelio nos muestra a un Jesús que llama, nos llama para ir y llevar Su abundancia osea el amor, la esperanza y la Fe, todo esto lo que necesita el mundo. También Jesús nos llama para estar en la vía que lleva de los dolores del mundo hacia Su Corazón. Estamos llamados para estar con Cristo y para Cristo.

A que se refiere cuando digo “ Jesús nos llama desde lo que somos, Dios nos crea, nos bendice y nos santifica “.

Jesús nos llama desde lo que somos:
Si miramos a quienes llamó Jesús para que fueran sus discípulos, las persona fueron del común. Algo que me extraña ciertamente es que Jesús los llamó desde lo que eran. Por ejemplo Pedro era pescador y Jesús después le dirá “ desde ahora serás pescador de hombres”. Así nos sucede a nosotros. 
Tu no tienes que anularte como persona para atender el llamado del Señor, para nada. Yo he conocido personas que son comunicadoras sociales y ahora son mensajeras o se vuelven multiplicadores del mensaje de Cristo, otros por ejemplo son músicos y ahora también alaban a Dios con sus canciones, otros por ejemplo tiene la facilidad de ser amigos entonces son que congregan y reúnen a la comunidad.

Dios nos crea:
Dios quien nos creó sabe qué cosas podemos hacer fácilmente pero que otras cosas nos dificulta. Las habilidades, destrezas, dones y talentos el mismo Dios nos lo multiplica si nos donamos hacia los demás. En nuestras debilidades entonces el mismo Dios nos ayuda a desarrollarlas poco a poco.

Dios nos bendice y nos santifica:
Cuando ya estamos preparados Dios nos envía como a sus discípulos a sanar, exhortar y evangelizar o predicar. Sanar es llevar el enfermo a Jesús, es reconocer que Jesús es quien sana y es por eso que vamos juntos en camino hacia El. Exhortar es llevar el amor, la esperanza, la alegría y la paz donde hay ausencia de Dios. Cuando un lugar tiene la presencia de Dios el mal ya no tiene poder allí, porque ese corazón ya le pertenece a Cristo. Predicar, es llevar el mensaje de salvación a todos los confines de la tierra. Es llevar el mensaje de Cristo en la piel, que nuestro testimonio de vida de fe que Jesús es quien gobierna mi vida. Poco a poco al ser inúndanos con su amor Él mismo nos ayudará a alcanzar la santidad a la que estamos llamados.

Jesús, hoy quiero decirte como la letra de una canción que dice “ dame tus ojos “; si mi amado Jesús necesito tus ojos para mirar como tu ves desde la misericordia, dame tu sentir que acoge a los demás sin prejuicios, que Tus sueños sean mis sueños,  pero sobre todo dame la gracia de ser como Tu. Gracias por llamarme a servirte desde lo que soy para conquistar más territorios y más corazones para ti,  porque donde Tu amor es conquistado, Tu eres quien reina, Amen.

Dios te bendiga,

Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!

Santa Misa


LA DEVOCIÓN SE HA DE EJERCITAR DE DIVERSAS MANERAS

En la misma creación, Dios creador mandó a las plantas que diera cada una fruto según su propia especie: así también mandó a los cristianos, que son como las plantas de su Iglesia viva, que cada uno diera un fruto de devoción conforme a su calidad, estado y vocación.

La devoción, insisto, se ha de ejercitar de diversas maneras, según que se trate de una persona noble o de un obrero, de un criado o de un príncipe, de una viuda o de una joven soltera, o bien de una mujer casada. Más aún: la devoción se ha de practicar de un modo acomodado a las fuerzas, negocios y ocupaciones particulares de cada uno.

Dime, te ruego, mi Filotea, si sería lógico que los obispos quisieran vivir entregados a la soledad, al modo de los cartujos; que los casados no se preocuparan de aumentar su peculio más que los religiosos capuchinos; que un obrero se pasara el día en la iglesia, como un religioso; o que un religioso, por el contrario, estuviera continuamente absorbido, a la manera de un obispo, por todas las circunstancias que atañen a las necesidades del prójimo. Una tal devoción ¿por ventura no sería algo ridículo, desordenado o inadmisible?

Y, con todo, esta equivocación absurda es de lo más frecuente. No ha de ser así; la devoción, en efecto, mientras sea auténtica y sincera, nada destruye, sino que todo lo perfecciona y completa, y, si alguna vez resulta de verdad contraria a la vocación o estado de alguien, sin duda es porque se trata de una falsa devoción.

La abeja saca miel de las flores sin dañarlas ni destruirlas, dejándolas tan íntegras, incontaminadas y frescas como las ha encontrado. Lo mismo, y mejor aún, hace la verdadera devoción: ella no destruye ninguna clase de vocación o de ocupaciones, sino que las adorna y embellece.

Del mismo modo que algunas piedras preciosas bañadas en miel se vuelven más fúlgidas y brillantes, sin perder su propio color, así también el que a su propia vocación junta la devoción se hace más agradable a Dios y más perfecto. Esta devoción hace que sea mucho más apacible el cuidado de la familia, que el amor mutuo entre marido y mujer sea más sincero, que la sumisión debida a los gobernantes sea más leal, y que todas las ocupaciones, de cualquier clase que sean, resulten más llevaderas y hechas con más perfección.

Es, por tanto, un error, por no decir una herejía, el pretender excluir la devoción de los regimientos militares, del taller de los obreros, del palacio de los príncipes, de los hogares y familias; hay que admitir, amadísima Filotea, que la devoción puramente contemplativa, monástica y religiosa no puede ser ejercida en estos oficios y estados; pero, además de este triple género de devoción, existen también otros muchos y muy acomodados a las diversas situaciones de la vida seglar.

Así pues, en cualquier situación en que nos hallemos, debemos y podemos aspirar a la vida de perfección.

RESPONSORIO    Ef 4, 32-5, 1; Mt 11, 29

R. Sed bondadosos y compasivos unos con otros, y perdonaos mutuamente como también Dios os ha perdonado en Cristo; * sed imitadores de Dios, como hijos amados que sois.
V. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.
R. Sed imitadores de Dios, como hijos amados que sois.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor Dios nuestro, que quisiste que el obispo san Francisco de Sales se hiciera todo para todos, para ganarlos a todos, haz que, iluminados por su ejemplo, también nosotros sepamos manifestar la dulzura de tu amor en el servicio de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

jueves, 23 de enero de 2020

El Espíritu Santo de Dios es quien nos une a la carne de Cristo, aleluya!!!




1 Samuel 18, 6-9
Cuando volvieron de la guerra, después de haber matado David al filisteo, las mujeres de todas las poblaciones de Israel salieron a cantar y recibir con bailes al rey Saúl, al son alegre de panderos y sonajas. Y cantaban a coro esta copla: "Saúl mató a mil, David a diez mil". A Saúl le sentó mal aquella copla, y comentó enfurecido: "¡Diez mil a David, y a mí mil! ¡Ya sólo le falta ser rey!" Y a partir de aquel día Saúl le tomó ojeriza a David.
Delante de su hijo Jonatán y de sus ministros, Saúl habló de matar a David. Jonatán, hijo de Saúl, quería mucho a David y le avisó: "Mi padre Saúl te busca para matarte. Estate atento mañana y escóndete en sitio seguro; yo saldré e iré al lado de mi padre, al campo donde tú estés; le hablaré de ti y, si saco algo en limpio, te lo comunicaré. Así pues Jonatán habló a su padre Saúl en favor de David: "¡Que el rey no ofenda a su siervo David! El no te ha ofendido, y lo que él hace es en tu provecho: se jugó la vida cuando mató al filisteo y el Señor dio a Israel una gran victoria; bien que te alegraste al verlo. ¡No vayas a pecar derramando sangre inocente, matando a David sin motivo!" Saúl hizo caso a Jonatán y juró: "¡Vive Dios, no morirá!"
Jonatán llamó a David y le contó la conversación; luego lo llevó donde Saúl, y David siguió en palacio como antes.
Palabra de Dios


Salmo 55 " En Dios confío y no temo"

Marcos 3, 7-12
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío.
Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: "Tú eres el Hijo de Dios". Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.
Palabra del Señor


Hoy en la primera lectura nos damos cuenta el significado de una verdadera amistad, de un verdadero amigo. El buen amigo no es quien te acolita osea el que dándose cuenta que estas obrando mal no te dice nada por falsos respetos humanos; o también un buen amigo no siempre tiene que estar de acuerdo con tus opiniones; o también un buen amigo es el que te ayuda a crecer como persona y espiritualmente. Esto en cuanto al verdadero significado de la amistad. Esto lo vemos claramente con la actitud de Jonatán y su Padre, Jonatán no se llenó de respetos humanos ante su padre, no dijo “ yo no le puedo decir esto porque es mi papa”, No!, Jonatán actuó desde la misericordia y recordemos lo que le dice a Saúl  "¡Que el rey no ofenda a su siervo David! El no te ha ofendido, y lo que él hace es en tu provecho: se jugó la vida cuando mató al filisteo y el Señor dio a Israel una gran victoria; bien que te alegraste al verlo. ¡No vayas a pecar derramando sangre inocente, matando a David sin motivo!". Las palabras de Jonatán hacen recapacitar a su padre Saúl.

Otra enseñanza preciosa es entre Jonatán y David. Jonatán sabía que él era el sucesor del reino de su padre Saúl pero para Jonatán valoraba más la amistad. Lo que el señor nos invita es a tener unos niveles muy altos de la amistad, de afecto, de donación, y de abnegación. Esto es renuncia de sí, búsqueda del bien del otro, todo esto lo hizo Jonatán.

En el evangelio vemos a un Jesús en accion, osea curando, expulsando los demonios y enseñando. Estas tres tareas caracterizan a Jesús.  
Nos dice la lectura que Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Todos querían tocar a Jesús, todos querían ser sanados por Jesús. Jesús lo sabía y fue por eso que les pidió a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, para que no lo fueran a estrujar el gentío. Si pensamos esto rápidamente es como que Jesús fuera esa estrella de Hollywood que de alguna manera no quiere que la gente se le acerque, pero no es así y van a ver el porqué. Jesús nos quiere mostrar algo más!
Piensa por un momento Jesús tocando a 10 o 20 personas es posible, pero qué pasa si la multitud o muchedumbre es mayor, osea millones, sería imposible que Jesús se dejara tocar para que todos fueran sanados, esto es para la época de Jesús y ahora en nuestra época. Por eso la realidad de nuestra salvación alcanza su plenitud con la efusión del Espíritu Santo. Es aquí donde entra la tercera persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo viene a nosotros y de alguna manera nos toca; El Espíritu Santo hace que la carne de Cristo se manifieste y nos toque. Recordemos cuando Jesús les dice a sus discípulos, “ Vayan y sanen a los enfermos , vayan y expulsen a los demonios, y luego les dice vayan y enseñen a los pueblos“ .

Siendo así una primera manifestación del amor de Dios está en la humanidad del mismo Cristo y la plenitud de la salvación se dará a través de la efusión del Espíritu Santo. La fusión del Espíritu Santo es por gracia de Dios porque la carne de Jesús queda unida o se funde en nuestra carne no por contacto físico sino por unión de amor, unión de gracia que es mucho más eficaz. De esta manera el Espíritu Santo si puede llegar a todas las multitudes.

Mi amado Jesús, envíanos Tu Espíritu Santo porque con el don de Tu Espíritu nuestra carne queda unida a tu carne, y al ser fundida con la mía por amor podré experimentar la caricia de Dios, el abrazo de Dios, el amor de Dios, la sanación y el beso de Dios. Solo necesito Tu Espíritu Santo para poder ser fiel testigo de Tu amor y en Tu Nombre ser discípulo y misionero de tu amor, Amén.

Dios te bendiga,

Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!



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† Que la paz y el Amor del Señor permanezca en tu corazón como en el mio...
     Sandra Yudy Zapata Escudero

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Santa Misa de hoy


Lectio Divina

CRISTO VIVE PARA SIEMPRE PARA INTERCEDER POR NOSOTROS

Fijaos que en la conclusión de las oraciones decimos: «Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo»; en cambio, nunca decimos: «Por el Espíritu Santo.» Esta práctica universal de la Iglesia tiene su explicación en aquel misterio, según el cual, el mediador entre Dios y los hombres es Cristo Jesús, hombre también él, sacerdote eterno según el rito de Melquisedec, que entró de una vez para siempre con su propia sangre en el santuario, pero no en un santuario hecho por mano de hombre y figura del venidero, sino en el mismo cielo, donde está a la derecha de Dios e intercede por nosotros.

Teniendo ante sus ojos este oficio sacerdotal de Cristo, dice el Apóstol: Por medio de él ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el tributo de los labios que van bendiciendo su nombre. Por él, pues, ofrecemos el sacrificio de nuestra alabanza y oración, ya que por su muerte fuimos reconciliados cuando éramos todavía enemigos. Por él, que se dignó hacerse sacrificio por nosotros, puede nuestro sacrificio ser agradable en la presencia de Dios. Por esto nos exhorta san Pedro: También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Por este motivo decimos a Dios Padre: «Por nuestro Señor Jesucristo.»

Al referirnos al sacerdocio de Cristo, necesariamente hacemos alusión al misterio de su encarnación, en el cual el Hijo de Dios, a pesar de su condición divina, se anonadó a sí mismo, y tomó la condición de esclavo, según la cual se rebajó hasta someterse incluso a la muerte; es decir, fue hecho un poco inferior a los ángeles, conservando no obstante su divinidad igual al Padre. El Hijo fue hecho un poco inferior a los ángeles en cuanto que, permaneciendo igual al Padre, se dignó hacerse como un hombre cualquiera. Se abajó cuando se anonadó a sí mismo y tomó la condición de esclavo. Más aún, el abajarse de Cristo es el total anonadamiento, que no otra cosa fue el tomar la condición de esclavo.

Cristo, por tanto, permaneciendo en su condición divina, en su condición de Hijo único de Dios, según la cual le ofrecemos el sacrificio igual que al Padre, al tomar la condición de esclavo fue constituido sacerdote, para que, por medio de él, pudiéramos ofrecer la hostia viva, santa, grata a Dios. Nosotros no hubiéramos podido ofrecer nuestro sacrificio a Dios si Cristo no se hubiese hecho sacrificio por nosotros: en él nuestra propia raza humana es un verdadero y saludable sacrificio. En efecto, cuando precisamos que nuestras oraciones son ofrecidas por nuestro Señor, sacerdote eterno, reconocemos en él la verdadera carne de nuestra misma raza, de conformidad con lo que dice el Apóstol: Todo sumo sacerdote, tomado de entre los hombres, es constituido en favor de los hombres en lo tocante a las relaciones de éstos con Dios, a fin de que ofrezca dones y sacrificios por los pecados. Pero al decir: «tu Hijo», añadimos: «que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo», para recordar, con esta adición, la unidad de naturaleza que tienen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y significar de este modo que el mismo Cristo, que por nosotros ha asumido el oficio de sacerdote, es por naturaleza igual al Padre y al Espíritu Santo.

RESPONSORIO    Hb 4, 16. 15

R. Acerquémonos, pues, con seguridad y confianza a este trono de la gracia. * Aquí alcanzaremos misericordia y hallaremos gracia para ser socorridos en el momento oportuno.
V. Pues no tenemos un sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades.
R. Aquí alcanzaremos misericordia y hallaremos gracia para ser socorridos en el momento oportuno.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios todopoderoso y eterno, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente las súplicas de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

Déjate iluminar para que puedas iluminar a otros con la Luz de Dios.

  Déjate iluminar para que puedas iluminar a otros con la Luz de Dios. Primera lectura Comienzo de la segunda carta del apóstol san Pablo a ...