ENCOMIO DE CRISTO
Entendedlo, queridos hermanos: el misterio pascual es algo a la vez nuevo y antiguo, eterno y temporal, corruptible e incorruptible, mortal e inmortal.
Antiguo según la ley, pero nuevo según la Palabra encarnada; temporal en la figura, eterno en la gracia; corruptible en cuanto a la inmolación del cordero, incorruptible en la vida del Señor; mortal por su sepultura bajo tierra, inmortal por su resurrección de entre los muertos.
La ley, en efecto, es antigua, pero la Palabra es nueva; la figura es temporal, la gracia es eterna; el cordero es corruptible, pero incorruptible es el Señor, que fue inmolado como un cordero y resucitó como Dios.
Dice la Escritura: Era como cordero llevado al matadero, y sin embargo no era ningún cordero; era como oveja muda, y sin embargo no era ninguna oveja. La figura ha pasado y ha llegado la realidad: en lugar del cordero está Dios, y en lugar de la oveja está un hombre, y en este hombre está Cristo, que lo abarca todo.
Por tanto, la inmolación del cordero, la celebración de la Pascua y el texto de la ley tenían como objetivo final a Cristo Jesús, pues todo cuanto acontecía en la antigua ley se realizaba en vistas a él, y mucho más en la nueva ley.
La ley, en efecto, se ha convertido en Palabra, y de antigua se ha convertido en nueva (y una y otra han salido de Sión y de Jerusalén); el precepto se ha convertido en gracia, la figura en realidad, el cordero en el Hijo, la oveja en un hombre y este hombre en Dios.
El Señor, siendo Dios, se revistió de naturaleza humana, sufrió por nosotros, que estábamos sujetos al dolor, fue atado por nosotros, que estábamos cautivos, fue condenado por nosotros, que éramos culpables, fue sepultado por nosotros, que estábamos bajo el poder del sepulcro, resucitó de entre los muertos y clamó con voz potente: «¿Quién me condenará? Que se me acerque. Yo he librado a los que estaban condenados, he dado la vida a los que estaban muertos, he resucitado a los que estaban en el sepulcro. ¿Quién pleiteará contra mí? Yo soy Cristo -dice-, el que he destruido la muerte, el que he triunfado del enemigo, el que he pisoteado el infierno, el que he atado al fuerte y he arrebatado al hombre hasta lo más alto de los cielos: yo, que soy el mismo Cristo.
Venid, pues, los hombres de todas las naciones, que os habéis hecho iguales en el pecado, y recibid el perdón de los pecados. Yo soy vuestro perdón, yo la Pascua de salvación, yo el cordero inmolado por vosotros, yo vuestra purificación, yo vuestra vida, yo vuestra resurrección, yo vuestra luz, yo vuestra salvación, yo vuestro rey. Yo soy quien os hago subir hasta lo alto de los cielos, yo soy quien os resucitaré y os mostraré el Padre que está en los cielos, yo soy quien os resucitaré con el poder de mi diestra.»
RESPONSORIO Hch 13, 32-33; 10, 42b; 2, 36
R. La promesa que Dios hizo a nuestros padres la ha cumplido ahora, resucitando a Jesús: * él ha sido constituido por Dios juez de vivos y muertos. Aleluya.
V. Dios ha constituido Señor y Mesías a este mismo Jesús, a quien vosotros habéis crucificado.
R. Él ha sido constituido por Dios juez de vivos y muertos. Aleluya.
lunes, 13 de abril de 2020
viernes, 10 de abril de 2020
EL VALOR DE LA SANGRE DE CRISTO
¿Deseas conocer el valor de la sangre de Cristo? Remontémonos a las figuras que la profetizaron y recordemos los antiguos relatos de Egipto.
Inmolad -dice Moisés- un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa. «¿Qué dices, Moisés? La sangre de un cordero irracional ¿puede salvar a los hombres dotados de razón?» «Sin duda -responde Moisés-: no porque se trate de sangre, sino porque en esta sangre se contiene una profecía de la sangre del Señor.»
Si hoy, pues, el enemigo, en lugar de ver las puertas rociadas con sangre simbólica, ve brillar en los labios de los fieles, puertas de los templos de Cristo, la sangre del verdadero Cordero, huirá todavía más lejos.
¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía. El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada. Esto fue lo que ocurrió con el cordero: los judíos sacrificaron el cordero, y yo recibo el fruto del sacrificio.
Del costado salió sangre y agua. No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio, pues me falta explicarte aún otra interpretación mística. He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: cón el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado, ambos, del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva.
Por esta misma razón, afirma san Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo con ello al costado de Cristo. Pues del mismo modo que Dios formó a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salidas de su costado, para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto.
Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre y con su leche a aquel a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con su sangre a aquellos a quienes él mismo ha hecho renacer.
RESPONSORIO 1Pe 1, 18-19; Ef 2, 18; 1Jn 1, 7
R. Os rescataron, no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha. * Por medio de él tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu.
V. La sangre de Jesús, el Hijo de Dios, nos purifica de todo pecado.
R. Por medio de él tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu.
ORACIÓN.
OREMOS,
Mira, Señor, con bondad a tu familia santa, por la cual Jesucristo nuestro Señor aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
¿Deseas conocer el valor de la sangre de Cristo? Remontémonos a las figuras que la profetizaron y recordemos los antiguos relatos de Egipto.
Inmolad -dice Moisés- un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa. «¿Qué dices, Moisés? La sangre de un cordero irracional ¿puede salvar a los hombres dotados de razón?» «Sin duda -responde Moisés-: no porque se trate de sangre, sino porque en esta sangre se contiene una profecía de la sangre del Señor.»
Si hoy, pues, el enemigo, en lugar de ver las puertas rociadas con sangre simbólica, ve brillar en los labios de los fieles, puertas de los templos de Cristo, la sangre del verdadero Cordero, huirá todavía más lejos.
¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía. El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada. Esto fue lo que ocurrió con el cordero: los judíos sacrificaron el cordero, y yo recibo el fruto del sacrificio.
Del costado salió sangre y agua. No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio, pues me falta explicarte aún otra interpretación mística. He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: cón el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado, ambos, del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva.
Por esta misma razón, afirma san Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo con ello al costado de Cristo. Pues del mismo modo que Dios formó a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salidas de su costado, para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto.
Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre y con su leche a aquel a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con su sangre a aquellos a quienes él mismo ha hecho renacer.
RESPONSORIO 1Pe 1, 18-19; Ef 2, 18; 1Jn 1, 7
R. Os rescataron, no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha. * Por medio de él tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu.
V. La sangre de Jesús, el Hijo de Dios, nos purifica de todo pecado.
R. Por medio de él tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu.
ORACIÓN.
OREMOS,
Mira, Señor, con bondad a tu familia santa, por la cual Jesucristo nuestro Señor aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
miércoles, 8 de abril de 2020
El mal nos confunde y nos hace cometer errores, eso fue lo que le sucedió a Judas.
Isaías 50, 4-9
En aquellos días dijo Isaías: Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.
El Señor Dios me ha abierto el oído y yo no me he rebelado ni me he echado atrás. Ofrecí la espalda a los que golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos.
Mi Señor me ayudaba, por eso no me quedaba confundido, por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado. Tengo cerca a mi abogado, ¿quién pleiteará contra mí? Vamos a enfrentarnos: ¿Quién es mi rival? Que se acerque. Mirad, mi Señor me ayuda: ¿quién probará que soy culpable?
Palabra de Dios
Salmo 68 " Señor, que tu bondad me escuche en el día de tu favor"
Mateo 26, 14-25
En aquel tiempo, uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: ¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego? Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua? El contesto: Id a casa de Fulano y decidle: "El Maestro dice: mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos".
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los doce. Mientras comían, dijo: Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar. Ellos consternados se pusieron a preguntarle uno tras otro: ¿Soy yo acaso, Señor? El respondió: El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo el Hombre se va como está escrito de él; pero ¡ay del que va a entregar al Hijo del Hombre!, más le valdría no haber nacido. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: ¡Soy yo acaso, Maestro? El respondió: Así es.
Palabra del Señor
En la primera lectura nos recuerda que el verdadero siervo de Dios se abandona en sus manos porque tiene la convicción que en el Señor está la fuerza. Dios llama a su siervo desde el vientre, El mismo lo cuida y lo forma. El siervo debe aprender a escuchar la voz de Dios a pesar del ruido del mundo. El siervo de Dios es valiente y perseverante. El siervo de Dios es consciente que puede tener algunos días alegres y otros tristes pero siempre vive feliz porque la felicidad es un estado espiritual y físico porque sabes que tu vida está en Dios. El siervo sabe quién es su Señor porque sabe de quién es siervo.
Pidámosle al Señor que nos ayude a servir al Señor con amor como su hijo Jesucristo. Que abra nuestro corazón para prepararnos oírlo como oye el siervo, hablar como él habla, padecer y resistir como él lo hace, triunfar, en fin, como él triunfa con la gracia y el poder divino.
En el evangelio descubrimos cómo el mal utiliza un hombre que en el fondo era bueno pero como todos nosotros tenía debilidades. En el caso de Judas la codicia que tenía en su corazón, es por eso que vende a Jesús. Pero cómo puede ser que un hombre como Judas que estuvo cerca de Jesús, que lo escuchó, sus ojos vieron los milagros y presenció el amor de Jesús termina traicionando? Recordemos que Jesús llamó a Judas para que hiciera parte de los doce discípulos, Jesús lo amo, confío en él hasta el punto de manejar las finanzas.
Judas permitió que el mal lo confundiera porque en el fondo él tenía una grieta y esa grieta permitió que el mal entrara en el. Así como a Judas nos sucede a nosotros. Todos tenemos una grieta, alguna debilidad, y es por eso que debemos reconocer cuál es nuestra debilidad, ser honestos con nosotros mismos, conocernos en lo hondo y en lo profundo porque esa grieta la utiliza el mal para hacernos dudar, para que nos salgamos del camino. Judas no vigiló la casa interior osea su corazón, digámoslo que no prestó atención a la grieta como es la codicia que fue creciendo lentamente y terminó entregando a un inocente. Judas pretende servirse de Dios para lograr su plan o sacar su propio beneficio. El mal le susurro al oído de Judas y lo convenció que aprovechara su posición u oficio para su propio beneficio. No te a pasado a ti lo mismo? cada uno de nosotros tenemos una debilidad o una grieta esto puede ser la dependencia emocional, la depresión, la tristeza, la pereza. El mal aprovecha esa grieta y te afirma lo que sientes por ejemplo te lleva a sentirte más triste, a buscar relaciones tóxicas, a darle culto a la pereza o a la depresión con el único objetivo destruirte. Judas alimentó la codicia que había en su corazón y a pesar de recibir ese manojo de monedas el mismo diablo lo acusó a tal punto que acabó con su propia vida sin acogerse a la misericordia del Señor como lo hizo Pedro. Por último Judas se expuso a la tentación. Vuelo a retomar lo inicial, hay que conocernos a profundidad porque cuando tu reconoces tu debilidad no te expones a ella. Demos el caso un hombre que le guste el dinero fácil, si la persona es consciente de esto sabe que las tentaciones siempre van a estar allí. La persona tiene que tener fortaleza en su carácter y una voluntad para que le ayude a no volver a caer pero si se expone a esa tentación claro que caerá. No olvidemos que la fuerza la da Dios y la voluntad el Espíritu Santo.
Pidámosle al Señor que nos ayude a descubrir realmente quiénes somos nosotros y cuales son nuestras grietas de la misma manera tener la voluntad de cambiar para ser verdaderos hijos de Dios; que sea el Espíritu Santo quien purifique nuestros sentimientos para que venzamos el pecado del mal y descubramos el triunfo y la grandeza de un Dios que nso ama y nos salva.
Mi amado Jesús, perdóname por las veces que he traicionado tu amor por la codicia de mi corazón. Reconozco que he tenido actitudes como la de Judas y a pesar de todo esto Tu me sigues amando y bendiciendo no solo a mi sino también a mi familia. Elevo también una oración por todos aquellos que sufren la esclavitud sexual, el abuso y el maltrato por los corazones codiciosos de este mundo, oro por los agresores para que se arrepientan de lo que están haciendo y descubran la codicia que hay en su corazón porque ellos se benefician de la necesidad y del sufrimiento de los otros. También oro por los que sufren para que sean consolados por ti y nunca pierdan la esperanza de su liberación a través tuyo. Que el Señor nos ayude a estar atento y cuidar nuestro corazón y descubrir nuestros propios intereses que nos hace traicionar al Dios que nos ama y también que la fuerza del Espíritu Santo podamos vencer el mal con el bien como Tu Señor lo hiciste, Amen.
Dios te bendiga,
Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!
--
En aquellos días dijo Isaías: Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.
El Señor Dios me ha abierto el oído y yo no me he rebelado ni me he echado atrás. Ofrecí la espalda a los que golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos.
Mi Señor me ayudaba, por eso no me quedaba confundido, por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado. Tengo cerca a mi abogado, ¿quién pleiteará contra mí? Vamos a enfrentarnos: ¿Quién es mi rival? Que se acerque. Mirad, mi Señor me ayuda: ¿quién probará que soy culpable?
Palabra de Dios
Salmo 68 " Señor, que tu bondad me escuche en el día de tu favor"
Mateo 26, 14-25
En aquel tiempo, uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: ¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego? Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua? El contesto: Id a casa de Fulano y decidle: "El Maestro dice: mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos".
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los doce. Mientras comían, dijo: Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar. Ellos consternados se pusieron a preguntarle uno tras otro: ¿Soy yo acaso, Señor? El respondió: El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo el Hombre se va como está escrito de él; pero ¡ay del que va a entregar al Hijo del Hombre!, más le valdría no haber nacido. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: ¡Soy yo acaso, Maestro? El respondió: Así es.
Palabra del Señor
En la primera lectura nos recuerda que el verdadero siervo de Dios se abandona en sus manos porque tiene la convicción que en el Señor está la fuerza. Dios llama a su siervo desde el vientre, El mismo lo cuida y lo forma. El siervo debe aprender a escuchar la voz de Dios a pesar del ruido del mundo. El siervo de Dios es valiente y perseverante. El siervo de Dios es consciente que puede tener algunos días alegres y otros tristes pero siempre vive feliz porque la felicidad es un estado espiritual y físico porque sabes que tu vida está en Dios. El siervo sabe quién es su Señor porque sabe de quién es siervo.
Pidámosle al Señor que nos ayude a servir al Señor con amor como su hijo Jesucristo. Que abra nuestro corazón para prepararnos oírlo como oye el siervo, hablar como él habla, padecer y resistir como él lo hace, triunfar, en fin, como él triunfa con la gracia y el poder divino.
En el evangelio descubrimos cómo el mal utiliza un hombre que en el fondo era bueno pero como todos nosotros tenía debilidades. En el caso de Judas la codicia que tenía en su corazón, es por eso que vende a Jesús. Pero cómo puede ser que un hombre como Judas que estuvo cerca de Jesús, que lo escuchó, sus ojos vieron los milagros y presenció el amor de Jesús termina traicionando? Recordemos que Jesús llamó a Judas para que hiciera parte de los doce discípulos, Jesús lo amo, confío en él hasta el punto de manejar las finanzas.
Judas permitió que el mal lo confundiera porque en el fondo él tenía una grieta y esa grieta permitió que el mal entrara en el. Así como a Judas nos sucede a nosotros. Todos tenemos una grieta, alguna debilidad, y es por eso que debemos reconocer cuál es nuestra debilidad, ser honestos con nosotros mismos, conocernos en lo hondo y en lo profundo porque esa grieta la utiliza el mal para hacernos dudar, para que nos salgamos del camino. Judas no vigiló la casa interior osea su corazón, digámoslo que no prestó atención a la grieta como es la codicia que fue creciendo lentamente y terminó entregando a un inocente. Judas pretende servirse de Dios para lograr su plan o sacar su propio beneficio. El mal le susurro al oído de Judas y lo convenció que aprovechara su posición u oficio para su propio beneficio. No te a pasado a ti lo mismo? cada uno de nosotros tenemos una debilidad o una grieta esto puede ser la dependencia emocional, la depresión, la tristeza, la pereza. El mal aprovecha esa grieta y te afirma lo que sientes por ejemplo te lleva a sentirte más triste, a buscar relaciones tóxicas, a darle culto a la pereza o a la depresión con el único objetivo destruirte. Judas alimentó la codicia que había en su corazón y a pesar de recibir ese manojo de monedas el mismo diablo lo acusó a tal punto que acabó con su propia vida sin acogerse a la misericordia del Señor como lo hizo Pedro. Por último Judas se expuso a la tentación. Vuelo a retomar lo inicial, hay que conocernos a profundidad porque cuando tu reconoces tu debilidad no te expones a ella. Demos el caso un hombre que le guste el dinero fácil, si la persona es consciente de esto sabe que las tentaciones siempre van a estar allí. La persona tiene que tener fortaleza en su carácter y una voluntad para que le ayude a no volver a caer pero si se expone a esa tentación claro que caerá. No olvidemos que la fuerza la da Dios y la voluntad el Espíritu Santo.
Pidámosle al Señor que nos ayude a descubrir realmente quiénes somos nosotros y cuales son nuestras grietas de la misma manera tener la voluntad de cambiar para ser verdaderos hijos de Dios; que sea el Espíritu Santo quien purifique nuestros sentimientos para que venzamos el pecado del mal y descubramos el triunfo y la grandeza de un Dios que nso ama y nos salva.
Mi amado Jesús, perdóname por las veces que he traicionado tu amor por la codicia de mi corazón. Reconozco que he tenido actitudes como la de Judas y a pesar de todo esto Tu me sigues amando y bendiciendo no solo a mi sino también a mi familia. Elevo también una oración por todos aquellos que sufren la esclavitud sexual, el abuso y el maltrato por los corazones codiciosos de este mundo, oro por los agresores para que se arrepientan de lo que están haciendo y descubran la codicia que hay en su corazón porque ellos se benefician de la necesidad y del sufrimiento de los otros. También oro por los que sufren para que sean consolados por ti y nunca pierdan la esperanza de su liberación a través tuyo. Que el Señor nos ayude a estar atento y cuidar nuestro corazón y descubrir nuestros propios intereses que nos hace traicionar al Dios que nos ama y también que la fuerza del Espíritu Santo podamos vencer el mal con el bien como Tu Señor lo hiciste, Amen.
Dios te bendiga,
Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!
†
Que la
paz y el Amor del Señor permanezca en tu corazón como en
el mio...
Sandra Yudy Zapata Escudero
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martes, 7 de abril de 2020
La fragilidad del hombre ante el amor de Dios….
Isaías 49, 1-6
Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: "Tu eres mi esclavo (Israel), de quien estoy orgulloso".
Mientras yo pensaba: "En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas", en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios.
Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel, -tanto me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza-. Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel: te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.
Palabra de Dios
Salmo 70 " Mi boca contará tu auxilio "
Juan 13, 21-33. 36-38
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, estaba a la mesa a su derecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces el, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó Señor: ¿quién es?
Le contestó Jesús: Aquél a quien yo le dé este trozo de pan untado. Y untando el pan se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: Lo que tienes que hacer hazlo en seguida.
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él (Si Dios es glorificado en el, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará).
Simón Pedro le dijo: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde. Pedro replicó: Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti. Jesús le contesto: ¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.
Palabra del Señor
Hoy el Señor nos dice “ Tú eres mi esclavo o mi servidor, de quien estoy orgulloso “. Deja que esta afirmación de parte de Dios te exhorte, examine tus sentimientos y tus acciones. Realmente eres un servidor de quien el Señor está orgulloso de ti? Ayer Isaías nos daba las características de un servidor el cual debe reconocer que es Dios quien lo elige. Lo más hermoso es que hoy nos afirma la lectura esta verdad, Dios nos llama desde que estamos en el vientre. Estás convencido de esto? Te sientes hijo o hija amada por Dios? reconoces su voz en medio del ruido ? Piensas que Dios está orgulloso de ti, o mas bien reconoces las veces que le has fallado?
No olvides que si somos elegidos por el Señor no es por privilegio sino por misericordia de Dios; Él es quien nos llama para hacer crecer el Reino de Dios a través del servicio a los demás.
También esta lectura nos trae otra enseñanza, el desaliento. No dejemos que la desesperanza nos robe la esperanza porque no vemos los frutos de nuestro esfuerzo. Tampoco permitamos que las malas noticias nos robe la paz. Todas las cosas toman su tiempo, esfuerzo, perseverancia y sobre todo no podemos perder la meta. Cada dia hay que luchar hasta llegar al final. No podemos tener actitudes derrotistas o expresiones como estas "¿Para qué perder mi tiempo y gastar mis fuerzas en nada?", estas actitudes hacen frenar a los valientes. En estos momentos tan difíciles no podemos perder el corazón, apagar el amor, sembrar el desaliento, más bien confiemos en el Señor, en la misma lectura nos lo dice “ Dios es mi fuerza “ y es que en Él está nuestra victoria porque cada uno de nosotros somos valiosos para el Señor.
En la primera lectura nos habla de lo valioso que somos para Dios y en el evangelio vemos la traición de Judas. Es un contraste que de por sí es doloroso porque mientras Dios confía en nosotros y cree en nosotros a tal punto de estar orgulloso de nosotros, nuestra actitud en cambio es como la de Judas, no valoramos, no cuidamos la relación con Dios y muchas veces lo traicionamos. Jesús sabe que lo vamos a traicionar no solo una sino más de una vez. El amor de Jesús permanece, El es el mismo, El ama una y otra vez, perdona más de 7 veces 7, El es manso ante el dolor, Él permanece en la sencillez y en la pureza cuando los demás se muestran falsos, El es humilde y bondadoso en medio de la soberbia y del odio de los corazones.
Señor Jesús tú sabes lo frágil que soy, tú sabes mis debilidades, Tu sabes mis grietas, Tú sabes lo que soy. Ayúdame en los momentos de vulnerabilidad buscarte para encontrar la fuerza que necesito. Ten compasión de mí porque te he fallado desconectandome de tu amor crucificado y confiandome de mis propias fuerzas. Dame la gracia de escoger amar y abrir el corazón como Tu lo hiciste aun sabiendo que seré vulnerable y tendré que soportar heridas, para que seas Tú glorificado, Amén.
Dios te bendiga,
Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!
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Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: "Tu eres mi esclavo (Israel), de quien estoy orgulloso".
Mientras yo pensaba: "En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas", en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios.
Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel, -tanto me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza-. Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel: te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.
Palabra de Dios
Salmo 70 " Mi boca contará tu auxilio "
Juan 13, 21-33. 36-38
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, estaba a la mesa a su derecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces el, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó Señor: ¿quién es?
Le contestó Jesús: Aquél a quien yo le dé este trozo de pan untado. Y untando el pan se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: Lo que tienes que hacer hazlo en seguida.
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él (Si Dios es glorificado en el, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará).
Simón Pedro le dijo: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde. Pedro replicó: Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti. Jesús le contesto: ¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.
Palabra del Señor
Hoy el Señor nos dice “ Tú eres mi esclavo o mi servidor, de quien estoy orgulloso “. Deja que esta afirmación de parte de Dios te exhorte, examine tus sentimientos y tus acciones. Realmente eres un servidor de quien el Señor está orgulloso de ti? Ayer Isaías nos daba las características de un servidor el cual debe reconocer que es Dios quien lo elige. Lo más hermoso es que hoy nos afirma la lectura esta verdad, Dios nos llama desde que estamos en el vientre. Estás convencido de esto? Te sientes hijo o hija amada por Dios? reconoces su voz en medio del ruido ? Piensas que Dios está orgulloso de ti, o mas bien reconoces las veces que le has fallado?
No olvides que si somos elegidos por el Señor no es por privilegio sino por misericordia de Dios; Él es quien nos llama para hacer crecer el Reino de Dios a través del servicio a los demás.
También esta lectura nos trae otra enseñanza, el desaliento. No dejemos que la desesperanza nos robe la esperanza porque no vemos los frutos de nuestro esfuerzo. Tampoco permitamos que las malas noticias nos robe la paz. Todas las cosas toman su tiempo, esfuerzo, perseverancia y sobre todo no podemos perder la meta. Cada dia hay que luchar hasta llegar al final. No podemos tener actitudes derrotistas o expresiones como estas "¿Para qué perder mi tiempo y gastar mis fuerzas en nada?", estas actitudes hacen frenar a los valientes. En estos momentos tan difíciles no podemos perder el corazón, apagar el amor, sembrar el desaliento, más bien confiemos en el Señor, en la misma lectura nos lo dice “ Dios es mi fuerza “ y es que en Él está nuestra victoria porque cada uno de nosotros somos valiosos para el Señor.
En la primera lectura nos habla de lo valioso que somos para Dios y en el evangelio vemos la traición de Judas. Es un contraste que de por sí es doloroso porque mientras Dios confía en nosotros y cree en nosotros a tal punto de estar orgulloso de nosotros, nuestra actitud en cambio es como la de Judas, no valoramos, no cuidamos la relación con Dios y muchas veces lo traicionamos. Jesús sabe que lo vamos a traicionar no solo una sino más de una vez. El amor de Jesús permanece, El es el mismo, El ama una y otra vez, perdona más de 7 veces 7, El es manso ante el dolor, Él permanece en la sencillez y en la pureza cuando los demás se muestran falsos, El es humilde y bondadoso en medio de la soberbia y del odio de los corazones.
Señor Jesús tú sabes lo frágil que soy, tú sabes mis debilidades, Tu sabes mis grietas, Tú sabes lo que soy. Ayúdame en los momentos de vulnerabilidad buscarte para encontrar la fuerza que necesito. Ten compasión de mí porque te he fallado desconectandome de tu amor crucificado y confiandome de mis propias fuerzas. Dame la gracia de escoger amar y abrir el corazón como Tu lo hiciste aun sabiendo que seré vulnerable y tendré que soportar heridas, para que seas Tú glorificado, Amén.
Dios te bendiga,
Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!
†
Que la
paz y el Amor del Señor permanezca en tu corazón como en
el mio...
Sandra Yudy Zapata Escudero
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lunes, 6 de abril de 2020
Que caracteriza a un siervo de Dios…. Isaías nos lo dice!
Isaías 42, 1-7
Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamara, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará., el pabilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.
Así dice el Señor Dios, que creó y desplegó los cielos, consolidó la tierra con su vegetación, dio el respiro al pueblo que lo habita y el aliento a los que se mueven en ella.
Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.
Palabra de Dios
Salmo 26 " El señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado "
Juan 12, 1-11
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él en la mesa.
María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres? (Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando)
Entonces Jesús dijo: Déjala: lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis con vosotros, pero a mi no siempre me tenéis.
Una muchedumbre de Judíos se enteró de que estaba allí y fueron no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.
Palabra del Señor
En la primera lectura nos da las características de un siervo de Dios. Un siervo o un servidor de Dios reconoce que es el Señor quien elige desde su misericordia. Porque lo digo? Dios desde su sabiduría utiliza muchas maneras entre ellas el servicio para sanarnos y liberarnos del mal.
Algunos creen que servirle a Dios, ser un servidor de Dios es como hacerle un favor a Él, lo cual es errado. Otros servidores se creen mejores personas que los demás por el hecho de servirle a Dios. Estas son algunas ideas erradas que las personas tienen de un servidor.
Isaías nos dice “ Mirad a mi siervo, que sostengo; mi elegido, a quien prefiero”. Dios nos elige. El nos elige porque quiere que nosotros también seamos parte de las bendiciones de su reino, que seamos coherederos. El Señor nos llama y nos sostiene, osea no estamos solos porque el Dios creador tiene todo el poder sobre toda la creación.
Es hermoso el último párrafo de la lectura que nos dice “ Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones”. El Señor nos llama con justicia no humana sino Divina. El Señor quien es justo nos da una nueva oportunidad, una oportunidad para ser mejor persona. La lectura sigue diciéndonos “ te he cogido de la mano”’, osea siempre ha estado junto a nosotros como cuando somos pequeños, guiandonos y cuidándonos. A renglón seguido nos dice“ te he formado y te he hecho alianza de un pueblo “, Así es, Dios antes de entregarte y enviarte a una misión Él te prepara, y te prepara para que seas Luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas. Esto significa continuar la misión de Cristo en esta tierra.
En este tiempo de pandemia descubrimos lo que realmente somos porque la situación nos pone al límite. Escuchamos en las noticias notas positivas pero también negativas. Notas positivas como por ejemplo empresas que están entregando comida a los menos favorecidos, el gobierno entregando dinero y ayudas, personal de salud dando todo su mayor esfuerzo, actitudes de generosidad entre vecinos, en fin. Todos estamos en servicio y ayudando al otro. Pero hay algo que mucho más me asombra y es que ahora los invisibles, osea aquellos que antes no veíamos ahora los vemos con claridad. En días pasados escuché al Papa Francisco compartiendo una noticia; un policía se le acerca a alguien que está caminando en la calle y le recuerda que debe estar en casa. Este hombre le dice “ no tengo casa a donde ir “. Los invisibles como los habitantes de la calle, los recicladores, las de servicio de aseo, los adultos mayores, los presos, los vendedores ambulantes, todos ellos siempre estuvieron allí delante de nosotros pero no los vimos porque estábamos tan ocupados en nuestras cosas, en nuestro tiempo, en nuestro mundo y por estar tan encerrados en nosotros mismos no los vimos. Eso es la parte positiva de todo esto. También hay noticias negativas como por ejemplo el incremento de la violencia intrafamiliar, la intolerancia, el rechazo, el egoísmo de algunos. Es ahí cuando estamos al límite donde descubrimos realmente quienes somos nosotros.
Preguntémonos ahora que estamos al límite como es nuestra actitud delante de Dos, frente a nosotros mismo y ante los demás.
Amado Jesús al caer la tarde me acerco a ti para que me regales tu descanso que tanto necesito. En estos momentos que estamos al límite cuanto necesito tu sabiduría para manejar las diferentes situaciones que estoy viviendo. Ayúdame Señor a sacar lo mejor de mi y dártela a ti, convierte mi corazón como el tuyo noble y lleno de amor, dame tu aroma para dejar tu fragancia donde vaya y regalame tus sentidos para ver la realidad que está a mi alrededor y no ser más indiferente al dolor, porque el ell@s estas tu, Amen.
Dios te bendiga ,
Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!
†
Que la
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Sandra Yudy Zapata Escudero
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GLORIÉMONOS TAMBIÉN NOSOTROS EN LA CRUZ DEL SEÑOR
La pasión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo es origen de nuestra esperanza en la gloria y nos enseña a sufrir. En efecto, ¿qué hay que no puedan esperar de la bondad divina los corazones de los fieles, si por ellos el Hijo único de Dios, eterno como el Padre, tuvo en poco el hacerse hombre, naciendo del linaje humano, y quiso además morir de manos de los hombres, que él había creado?
Mucho es lo que Dios nos promete; pero es mucho más lo que recordamos que ha hecho ya por nosotros. ¿Dónde estábamos o qué éramos, cuando Cristo murió por nosotros, pecadores? ¿Quién dudará que el Señor ha de dar la vida a sus santos, siendo así que les dio su misma muerte? ¿Por qué vacila la fragilidad humana en creer que los hombres vivirán con Dios en el futuro?
Mucho más increíble es lo que ha sido ya realizado: que Dios ha muerto por los hombres.
¿Quién es, en efecto, Cristo, sino aquella Palabra que existía al comienzo de las cosas, que estaba con Dios y que era Dios? Esta Palabra de Dios se hizo carne y puso su morada entre nosotros. Es que, si no hubiese tomado de nosotros carne mortal, no hubiera podido morir por nosotros. De este modo el que era inmortal pudo morir, de este modo quiso darnos la vida a nosotros, los mortales; y ello para hacernos partícipes de su ser, después de haberse hecho él partícipe del nuestro. Pues, del mismo modo que no había en nosotros principio de vida, así no había en él principio de muerte. Admirable intercambio, pues, el que realizó con esta recíproca participación: de nosotros asumió la mortalidad, de él recibimos la vida.
Por tanto, no sólo no debemos avergonzarnos de la muerte del Señor, nuestro Dios, sino, al contrario, debemos poner en ella toda nuestra confianza y toda nuestra gloria, ya que al tomar de nosotros la mortalidad, cual la encontró en nosotros, nos ofreció la máxima garantía de que nos daría la vida, que no podemos tener por nosotros mismos. Pues quien tanto nos amó, hasta el grado de sufrir el castigo que merecían nuestros pecados, siendo él mismo inocente, ¿cómo va ahora a negarnos, él, que nos ha justificado, lo que con esa justificación nos ha merecido? ¿Cómo no va a dar el que es veraz en sus promesas el premio a sus santos, él, que, sin culpa alguna, soportó el castigo de los pecadores?
Así pues, hermanos, reconozcamos animosamente, mejor aún, proclamemos que Cristo fue crucificado por nosotros; digámoslo no con temor sino con gozo, no con vergüenza sino con orgullo.
El apóstol Pablo se dio cuenta de este título de gloria y lo hizo prevalecer. Él, que podía mencionar muchas cosas grandes y divinas de Cristo, no dijo que se gloriaba en estas grandezas de Cristo -por ejemplo, en que es Dios junto con el Padre, en que creó el mundo, en que, incluso siendo hombre como nosotros, manifestó su dominio sobre el mundo-, sino: En cuanto a mí -dice-, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
RESPONSORIO
R. Señor, adoramos tu cruz y veneramos tu pasión gloriosa. * Ten misericordia de nosotros, tú que por nosotros padeciste.
V. Muéstrate, pues, amigo y defensor de los hombres que salvaste con tu sangre.
R. Ten misericordia de nosotros, tú que por nosotros padeciste.
ORACIÓN.
OREMOS,
Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza y, con la fuerza de la pasión de tu Hijo, levanta nuestra esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
domingo, 5 de abril de 2020
BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR, EL REY DE ISRAEL.
Venid, subamos juntos al monte de los Olivos y salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy desde Betania, y que se encamina por su propia voluntad hacia aquella venerable y bienaventurada pasión, para llevar a término el misterio de nuestra salvación.
Viene, en efecto, voluntariamente hacia Jerusalén, el mismo que, por amor a nosotros, bajó del cielo para exaltarnos con él, como dice la Escritura, por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación, y de todo ser que exista, a nosotros que yacíamos postrados.
Él viene, pero no como quien toma posesión de su gloria, con fasto y ostentación. No gritará -dice la Escritura-, no clamará, no voceará por las calles, sino que será manso y humilde, con apariencia insignificante, aunque le ha sido preparada una entrada suntuosa.
Corramos, pues, con el que se dirige con presteza a la pasión, e imitemos a los que salían a su encuentro. No para alfombrarle el camino con ramos de olivo, tapices, mantos y ramas de palmera, sino para poner bajo sus pies nuestras propias personas, con un espíritu humillado al máximo, con una mente y un propósito sinceros, para que podamos así recibir a la Palabra que viene a nosotros y dar cabida a Dios, a quien nadie puede contener.
Alegrémonos, por tanto, de que se nos haya mostrado con tanta mansedumbre aquel que es manso y que sube sobre el ocaso de nuestra pequeñez, a tal extremo, que vino y convivió con nosotros, para elevarnos hasta sí mismo, haciéndose de nuestra familia.
Dice el salmo: Subió a lo más alto de los cielos, hacia oriente (hacia su propia gloria y divinidad, interpreto yo), con las primicias de nuestra naturaleza, hasta la cual se había abajado Impregnándose de ella; sin embargo, no por ello abandona su inclinación hacia el género humano, sino que seguirá cuidando de él para irlo elevando de gloria en gloria, desde lo ínfimo de la tierra, hasta hacerlo partícipe de su propia sublimidad.
Así, pues, en vez de unas túnicas o unos ramos inanimados, en vez de unas ramas de arbustos, que pronto pierden su verdor y que por poco tiempo recrean la mirada, pongámonos nosotros mismos bajo los pies de Cristo, revestidos de su gracia, mejor aún, de toda su persona, porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo; extendámonos tendidos a sus pies, a manera de túnicas.
Nosotros, que antes éramos como escarlata por la inmundicia de nuestros pecados, pero que después nos hemos vuelto blancos como la nieve con el baño saludable del bautismo, ofrezcamos al vencedor de la muerte no ya ramas de palmera, sino el botín de su victoria, que somos nosotros mismos.
Aclamémoslo también nosotros, como hacían los niños, agitando los ramos espirituales del alma y diciéndole un día y otro: Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel.
RESPONSORIO Jn 12, 12. 13; Mt 21, 8. 9
R. Cuando la multitud se enteró de que Jesús llegaba a Jerusalén, salió a su encuentro. Un inmenso gentío iba tendiendo sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y alfombraban con ellas el camino y gritaban: * «¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!»
V. La muchedumbre que lo precedía y también la que iba detrás gritaban:
R. «¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!»
ORACIÓN.
OREMOS,
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se anonadase, haciéndose hombre y muriendo en la cruz, para que todos nosotros imitáramos su ejemplo de humildad, concédenos seguir las enseñanzas de su pasión, para que un día participemos en su resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
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