sábado, 4 de julio de 2020

Laudes 4 Julio

RECONOCE EL MAL QUE HAS HECHO, AHORA QUE ES EL TIEMPO PROPICIO 

 Si hay aquí alguno que esté esclavizado por el pecado, que se disponga por la fe a la regeneración que nos hace hijos adoptivos y libres; y así, libertado de la pésima esclavitud del pecado y sometido a la dichosa esclavitud del Señor, será digno de poseer la herencia celestial. Despojaos, por la confesión de vuestros pecados, del hombre viejo, viciado por las concupiscencias engañosas, y vestíos del hombre nuevo que se va renovando según el conocimiento de su creador. Adquirid, mediante vuestra fe, las arras del Espíritu Santo, para que podáis ser recibidos en la mansión eterna. Acercaos a recibir el sello sacramental, para que podáis ser reconocidos favorablemente por aquel que es vuestro dueño. Agregaos al santo y racional rebaño de Cristo, para que un día, separados a su derecha, poseáis en herencia la vida que os está preparada. Porque los que conserven adherida la aspereza del pecado, a manera de una piel velluda, serán colocados a la izquierda, por no haberse querido beneficiar de la gracia de Dios, que se obtiene por Cristo a través del baño de regeneración. Me refiero no a una regeneración corporal, sino al nuevo nacimiento del alma. Los cuerpos, en efecto, son engendrados por nuestros padres terrenos, pero las almas son regeneradas por la fe, porque el Espíritu sopla donde quiere. Y así entonces, si te has hecho digno de ello, podrás escuchar aquella voz: Bien, siervo bueno y fiel, a saber, si tu conciencia es hallada limpia y sin falsedad. Pues si alguno de los aquí presentes tiene la pretensión de poner a prueba la gracia de Dios, se engaña a sí mismo e ignora la realidad de las cosas. Procura, oh hombre, tener un alma sincera y sin engaño, porque Dios penetra el interior del hombre. El tiempo presente es tiempo de reconocer nuestros pecados. 

Reconoce el mal que has hecho, de palabra o de obra, de día o de noche. Reconócelo ahora que es el tiempo propicio, y en el día de la salvación recibirás el tesoro celeste. Limpia tu recipiente, para que sea capaz de una gracia más abundante, porque el perdón de los pecados se da a todos por igual, pero el don del Espíritu Santo se concede a proporción de la fe de cada uno. Si te esfuerzas poco, recibirás poco, si trabajas mucho, mucha será tu recompensa. Corres en provecho propio; mira, pues, tu conveniencia. Si tienes algo contra alguien, perdónalo. Vienes para alcanzar el perdón de los pecados: es necesario que tú también perdones al que te ha ofendido.

 RESPONSORIO Pr 28, 13; 1Jn 1, 9 
 R. Al que oculta sus crímenes no le irá bien en sus cosas; * el que los confiesa y se enmienda obtendrá misericordia. 
V. Si confesamos nuestros pecados, fiel y bondadoso es Dios para perdonarnos. 
R. El que los confiesa y se enmienda obtendrá misericordia. 

 ORACIÓN. 

 OREMOS, 
Dios nuestro, que quisiste hacernos hijos de la luz por la adopción de la gracia, concédenos que no seamos envueltos por las tinieblas del error, sino que permanezcamos siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

viernes, 3 de julio de 2020

El apóstol Tomas confesó la divinidad de Jesus al decir: ¡Señor mío y Dios mío!, y es que Tomas lo que creyó superó lo que vio. Tomás lo vio hombre y lo confesó Dios.

Efesios 2,19-22
Hermanos: Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.
Palabra de Dios


Hoy celebramos la Fiesta del apóstol Tomás y es importante esta fiesta porque nuestra Iglesia está fundamentada en las enseñanzas de los apóstoles. Los apóstoles fueron los primeros que dieron el testimonio de Cristo.

Es hermoso saber cómo el Señor desde su misericordia nos llama, nos invita para que hagamos parte de su plan de salvación, porque llevar su mensaje, la buena noticia es salvación también para otros. La lectura nos dice :” Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios”. El significado de ya no sois extranjeros y forasteros significa que antes cuando vivíamos separados de Dios éramos solo creaturas. El Señor al llamarnos nos hace parte de su plan Divino, hacemos parte de la familia de Dios y nos invita a la santidad. Cristo les dejo las enseñanzas a los apóstoles, ellos fueron los primeros cristianos que dieron testimonio de Cristo. Ellos escucharon a Cristo, lo vieron con sus propios ojos, vieron sus milagros, y también su muerte y resurrección. Cristo quiso cimentar Su Iglesia en los apóstoles, y profetas. Nuestra Iglesia Católica en el credo afirmamos nuestra fe, en el credo se resume nuestra fe.

Nos dice que “ Por Cristo todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor “. Cada uno con los dones del Espíritu Santo es llamado hacer parte de la Iglesia de Cristo. El Espíritu Santo es quien hace posible la unidad a pesar de las diferencias. Ser templos consagrados para el Señor significa que todo lo que se hace y se ofrece es para darle Gloria a Dios.Termina diciendo la lectura “ Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu”. Cada uno de nosotros estamos llamados por el mismo Cristo así como los apóstoles, para que seamos testigos del Dios vivo.

Salmo 116 " Id al mundo entero y proclamad el Evangelio"

Juan 20,24-29
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor." Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo."
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: "Paz a vosotros." Luego dijo a Tomás: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente." Contestó Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto."
Palabra del Señor


Hoy que podemos aprender del apóstol Tomás? Que nosotros no nos debemos de confiar solo desde nuestra razón, no podemos caer en el racionalismo. Dios nos dio la razón y la razón es un don, pero la razón nos debe ayudar a buscar la verdad.

Nos dice la lectura que en el momento de la resurrección no estaba Tomás. Parece extraño esa actitud de Tomás, porque el resto estaban atemorizados, lleno de miedo y de alguna manera estaban reunidos todos juntos, en el mismo lugar.  Podríamos deducir que Tomas no sentía miedo, que más bien él se confía en lo que puede buscar y encontrar, en lo que Él desde la razón puede concluir. Es por eso que cuando Jesús nuevamente aparece le muestra sus manos, la cicatriz de sus heridas y le pide que toque sus heridas, y además Jesús lo sana de su incredulidad. Jesús sabía que Thomas se estaba volviendo incrédulo porque no les creyó a los otros discípulos, que al dudar palpase y que al palpar creyese, se le abrió el entendimiento y fue ahí en ese momento que Jesús sanó su incredulidad. 

Como nos lo dice en las homilías de San Gregorio Magno, Papa, sobre los evangelios “ Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que, al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe. De este modo, en efecto, aquel discípulo que dudó y que palpó se convirtió en testigo de la realidad de la resurrección”.

En este caminar o peregrinar de mi vida de fe puedo decir que esto es verdad. No es que uno dude de lo que Dios puede hacer, no es que uno no tenga fe, sino que la experiencia es muy diferente cuando Tu tienes ese encuentro personal con el Señor. Ahí es donde quedas confirmado en tu fe y te vuelves testigo. En mi caso yo escuchaba los evangelios, las sanaciones, las liberaciones, todo el poder de Dios a través de su Hijo Jesucristo, pero eso para mi era como una historia muy bonita, espectacular, las maravillas de Dios, que fue algo que pasó hace tiempo, cosas maravillosas que le sucede a los demás, pero no a mi. La fe que tenía me ayudó a permanecer, y a decir “ Algun dia el Señor me va ayudar y me va a sanar, mi vida es un caos, he perdido la paz en mi corazón, tengo alegrías pero no duran, siento vacío y desasosiego en mi alma, estoy cansada de la vida que tengo“. Cuando te encuentras con Dios y tienes esa experiencia de del Dios vivo, misericordioso, amoroso, que libera y sana, ahí es donde la transformación del corazón, una transformación que es de adentro hacia afuera. Ya no puedes ser el mismo y te conviertes en un testigo del resucitado, como nos lo dice en el salmo " Id al mundo entero y proclamad el Evangelio".   
Retomando los escritos de San Gregorio Magno hoy en la fiesta de Santo Tomás  recordemos las palabras del apóstol Pablo dice: “La fe es la firme seguridad de los bienes que se esperan, la plena convicción de las realidades que no se ven, es evidente que la fe es la plena convicción de aquellas realidades que no podemos ver, porque las que vemos ya no son objeto de fe, sino de conocimiento”. Por consiguiente, si Tomás vio y palpó, ¿cómo es que le dice el Señor: No has creído, sino después de haberme visto? Pero es que lo que creyó supera a lo que vio. En efecto, un hombre mortal no puede ver la divinidad. Por esto lo que él vio fue la humanidad de Jesús, pero confesó su divinidad al decir: ¡Señor mío y Dios mío! Él, pues, creyó con todo y que vio, ya que, teniendo ante sus ojos a un hombre verdadero, lo proclamó Dios, cosa que escapaba a su mirada.

Pidámosle al Señor que nosotros que aun no le hemos visto corporalmente, que permanezcamos desde la fe con El. Porque la Fe sin obras es una fe muerta. Que por intercesión de Santo Tomás; quien reconoció la humanidad de Cristo y confesó la divinidad de Cristo como su Señor y su Dios, nos haga crecer en la fe, para que así, creyendo en Jesús, el Mesías, tengamos vida en su nombre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Dios te bendiga,

Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!


--
† Que la paz y el Amor del Señor permanezca en tu corazón como en el mio...
     Sandra Yudy Zapata Escudero

Santa Misa

https://www.youtube.com/watch?v=hNUmi2_uP4s

Laudes 3 Julio

SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO

Tomás, uno de los Doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos en el momento de presentarse Jesús. Sólo este discípulo estaba ausente y, al volver y escuchar lo que había sucedido, no quiso creer lo que le contaban. Se presenta de nuevo el Señor y ofrece al discípulo incrédulo su costado para que lo palpe, le muestra sus manos y, mostrándole la cicatriz de sus heridas, sana la herida de su incredulidad. ¿Qué es, hermanos muy amados, lo que descubrís en estos hechos? ¿Creéis acaso que sucedieron porque sí todas estas cosas: que aquel discípulo elegido estuviera primero ausente, que luego al venir oyese, que al oír dudase, que al dudar palpase, ¿que al palpar creyese?

Todo esto no sucedió porque sí, sino por disposición divina. La bondad de Dios actuó en este caso de un modo admirable, ya que aquel discípulo que había dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su maestro, curó las heridas de nuestra incredulidad. Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que, al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe. De este modo, en efecto, aquel discípulo que dudó y que palpó se convirtió en testigo de la realidad de la resurrección.

Palpó y exclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿No has creído, Tomás, sino después de haberme visto?» Como sea que el apóstol Pablo dice: La fe es la firme seguridad de los bienes que se esperan, la plena convicción de las realidades que no se ven, es evidente que la fe es la plena convicción de aquellas realidades que no podemos ver, porque las que vemos ya no son objeto de fe, sino de conocimiento. Por consiguiente, si Tomás vio y palpó, ¿cómo es que le dice el Señor: No has creído, sino después de haberme visto? Pero es que lo que creyó supera a lo que vio. En efecto, un hombre mortal no puede ver la divinidad. Por esto lo que él vio fue la humanidad de Jesús, pero confesó su divinidad al decir: ¡Señor mío y Dios mío! Él, pues, creyó con todo y que vio, ya que, teniendo ante sus ojos a un hombre verdadero, lo proclamó Dios, cosa que escapaba a su mirada.

Y es para nosotros motivo de alegría lo que sigue a continuación: Dichosos los que sin ver han creído. En esta sentencia el Señor nos designa especialmente a nosotros, que lo guardamos en nuestra mente sin haberlo visto corporalmente. Nos designa a nosotros, con tal de que las obras acompañen nuestra fe, porque el que cree de verdad es el que obra según su fe. Por el contrario, respecto de aquellos que creen sólo de palabra, dice Pablo: Van haciendo profesión de conocer a Dios, y lo van negando con sus obras. Y Santiago dice: La fe, si no va acompañada de las obras, está muerta.

RESPONSORIO    1Jn 1, 2. 1. 3

R. La vida se ha manifestado, y nosotros hemos visto y testificamos y os anunciamos * esta vida eterna, la que estaba con el Padre y se nos ha manifestado.
V. Lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida: lo que hemos visto y oído os lo anunciamos.
R. Esta vida eterna, la que estaba con el Padre y se nos ha manifestado.

OREMOS,
Concédenos, Señor, celebrar con alegría la fiesta de santo Tomás; que la intercesión de este apóstol, que reconoció y confesó a Cristo como a su Señor y su Dios, nos haga crecer en la fe, para que así, creyendo en Jesús, el Mesías, tengamos vida en su nombre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

jueves, 2 de julio de 2020

Una de las tantas misericordias que Dios nos ofrece es que nos denuncien el pecado.


Amós 7, 10-17
En aquellos días, Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, envió un mensaje a Jeroboam, rey de Israel: "Amós conjura contra ti en medio de Israel; la tierra ya no puede soportar sus palabras. Porque así predica Amós: "Morirá a espada Jeroboam. Israel saldrá de su país al destierro.""
Dijo Amasías a Amós: "Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país."
Respondió Amós: "No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo de Israel."
Y, ahora, escucha la palabra del Señor: Tú dices: "No profetices contra la casa de Israel, no prediques contra la casa de Isaac."
Pues bien, así dice el Señor: "Tu mujer será deshonrada en la ciudad, tus hijos e hijas caerán a espada; tu tierra será repartida a cordel, tú morirás en tierra pagana, Israel saldrá de su país al destierro.""
Palabra de Dios


Salmo 18 " Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos"

Mateo 9, 1-8
En aquel tiempo subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: "¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados". Algunos de los letrados se dijeron: "Este blasfema". Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: "¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados están perdonados", o decir: "Levántate y anda"? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados -dijo dirigiéndose al paralítico-: "Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa".
Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.
Palabra del Señor


Hoy en la primera lectura vemos como Amasías quiere controlar a Dios. Amasías, quien, fastidiado de las denuncias del profeta Amós, quiere quitarlo de en medio. Es por eso que Amasías le dice a Amós: "Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país.".
Algunos por ejemplo nos ha sucedido que cuando queremos llevar la buena noticia de Dios, cuando estamos evangelizando nos sucede que unos pocos nos quieren correr, nos quieren callar, recibimos insultos y hasta somos vetados o bloqueados. No podemos sentir miedo de evangelizar, no podemos callar la Palabra de Dios que sana y libera. Nosotros somos servidores e instrumentos de Dios y no podemos tomar las cosas personales porque no es que nos están rechazando a nosotros sino que están rechazando al mismo Dios.  Qué hacer en este caso? Recuerdo la cita Bíblica de mateo 10:14 que dice “ Y si no los reciben ni los quieren oír, salgan de la casa o del pueblo y sacúdanse el polvo de los pies “, lo que significa, haz hecho tu trabajo, no te preocupes, no pierdas tu paz, recuerda que vas en Nombre de Dios, no tomes las cosas de manera personal.

Recordemos que el profeta es aquel quien anuncia la buena Noticia y también denuncia. Lo que sucede es que a nosotros nos gusta que nos anuncien buenas noticias, bendiciones, prosperidad pero cuando denuncian nuestro pecado, los errores, ahi si preferimos tomar distancia. En este caso Amós denuncia lo vacío del culto y el encargado de culto es Amasías. La falsa solución del sacerdote es deshacerse del profeta, alejándolo del santuario. La verdadera solución, desde luego, no es conservar el culto vacío y alejar al que lo denuncia, sino llenar de su sentido la vida y el culto como expresión de esa vida en alianza con el Señor.

Una de las tantas misericordias que Dios nos ofrece es esto, que nos denuncien el pecado, que denuncien nuestras equivocaciones, hacernos ver nuestro error, no rechacemos las correcciones que vienen del Señor a través de los profetas, a través de las personas que nos quieren y nos dan buen consejo. Seamos humildes y reconozcamos que no siempre actuamos de la mejor manera, de la manera como el Señor espera que actuemos.

Todos de alguna manera nos hemos sentido como el paralítico en algún momento de nuestra vida. Desánimo, tristeza, sin fuerzas pero alguien nos dice “ ánimo! “, Esa palabra nos alienta y nos da esperanzas.
Retomando la primera lectura donde hablábamos una de las tantas misericordias que Dios nos ofrece es que nos denuncien el pecado, que denuncien nuestras equivocaciones. Esas parálisis a veces ni siquiera nosotros nos las vemos por estar tan enceguecidos por nuestro propio orgullo. Es de ahí que podemos decir que Jesús desde su misericordia actúa El mismo desde su Palabra para mostrarnos nuestras parálisis. Seamos agradecidos cuando alguien nos corrige, aquellos quienes nos hacen ver nuestro error, no rechacemos las correcciones que vienen del Señor a través de los profetas, a través de las personas que nos quieren y nos dan buenos consejos. Seamos humildes y reconozcamos que no siempre actuamos de la mejor manera, de la manera como el Señor espera que actuemos. Esto es en cuanto a nosotros. Pero también nosotros desde nuestra fe encarguemonos de llevar a Jesús a nuestros hermanos a través de la oración, con amor, con paciencia, y con nuestras palabras de ánimo.    

Mi amado Jesús, tú me quieres como soy pero no me dejas como estoy. Gracias por comprender mi vida, mi pasado y mi presente. Gracias por las Palabras de ánimo que me das, por tener paciencia, por amarme a pesar de mis equivocaciones, por seguirme bendiciendo a pesar de mi ingratitud.  Dame la gracia de ser humilde para no rechazar las correcciones que viene de ti. Gracias porque me animas una y otra vez para que me ponga en movimiento, porque quedarme en el mismo sitio es declarar la muerte en mi alma. Que motivada por Tu amor, con la Fe que Tu me puedes sanar y con la esperanza de alcanzar mi felicidad me pongo en movimiento hacia ti, me levanto y ando porque Tu tienes el poder de hacer algo nuevo y bueno en mi, Amen.

Dios te bendiga,

Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!



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† Que la paz y el Amor del Señor permanezca en tu corazón como en el mio...
     Sandra Yudy Zapata Escudero

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Laudes 2 Junio

PASARÉ AL LUGAR DEL TABERNÁCULO ADMIRABLE

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Como la cierva del salmo busca las corrientes de agua, así también nuestros ciervos, que han salido de Egipto y del mundo, y han aniquilado en las aguas del bautismo al Faraón con todo su ejército, después de haber destruido el poder del diablo, buscan las fuentes de la Iglesia, que son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Que el Padre sea fuente, lo hallamos escrito en el libro de Jeremías: Me han abandonado a mí, la fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua. Acerca del Hijo, leemos en otro lugar: Han abandonado la fuente de la sabiduría. Y del Espíritu Santo: El que beba del agua que yo le dé, se convertirá en él en manantial, cuyas aguas brotan para comunicar vida eterna, palabras cuyo significado nos explica luego el evangelista, cuando nos dice que el Salvador se refería al Espíritu Santo. De todo lo cual se deduce con toda claridad que la triple fuente de la Iglesia es el misterio de la Trinidad.

Esta triple fuente es la que busca el alma del creyente, el alma del bautizado, y por eso dice: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. No es un tenue deseo el que tiene de ver a Dios, sino que lo desea con un ardor parecido al de la sed. Antes de recibir el bautismo, se decían entre sí: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Ahora ya han conseguido lo que deseaban: han llegado a la presencia de Dios y se han acercado al altar y tienen acceso al misterio de salvación.

Admitidos en el cuerpo de Cristo y renacidos en la fuente de vida, dicen confiadamente: Pasaré al lugar del tabernáculo admirable, hacia la casa de Dios. La casa de Dios es la Iglesia, ella es el tabernáculo admirable, porque en él resuenan los cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta.

Decid, pues, los que acabáis de revestiros de Cristo y, siguiendo nuestras enseñanzas, habéis sido extraídos del mar de este mundo, como pececillos con el anzuelo: «En nosotros, ha sido cambiado el orden natural de las cosas. En efecto, los peces, al ser extraídos del mar, mueren; a nosotros, en cambio, los apóstoles nos sacaron del mar de este mundo para que pasáramos de muerte a vida. Mientras vivíamos sumergidos en el mundo, nuestros ojos estaban en el abismo y nuestra vida se arrastraba por el cieno; mas, desde el momento en que fuimos arrancados de las olas, hemos comenzado a ver el sol, hemos comenzado a contemplar la luz verdadera, y por esto, llenos de alegría desbordante, le decimos a nuestra alma: Espera en Dios, que volverás a alabarlo: "Salud de mi rostro, Dios mío."»

RESPONSORIO    Sal 26, 4

R. Una cosa pido al Señor, eso buscaré: * Habitar en la casa del Señor por los días de mi vida.
V. Gozar de la dulzura del Señor contemplando su templo.
R. Habitar en la casa del Señor por los días de mi vida.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios nuestro, que quisiste hacernos hijos de la luz por la adopción de la gracia, concédenos que no seamos envueltos por las tinieblas del error, sino que permanezcamos siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

miércoles, 1 de julio de 2020

VENGA TU REINO

¿Quién hay, por disparatado que sea, que cuando pide a una persona grave no lleva pensado cómo pedirla, para contentarle y no serle desabrido, y qué le ha de pedir, y para qué ha menester lo que le ha de dar, en especial si pide cosa señalada, como nos enseña que pidamos nuestro buen Jesús? Cosa me parece para notar. ¿No pudierais, Señor mío, concluir con una palabra y decir: «Dadnos, Padre, lo que nos conviene»? Pues a quien tan bien lo entiende todo, no parece era menester más.

¡Oh Sabiduría eterna! Para entre vos y vuestro Padre esto bastaba, que así lo pedisteis en el huerto: mostrasteis vuestra voluntad y temor, mas os dejasteis en la suya. Mas a nosotros nos conocéis, Señor mío, que no estamos tan rendidos como lo estabais vos a la voluntad de vuestro Padre, y que era menester pedir cosas señaladas para que nos detuviésemos en mirar si nos está bien lo que pedimos, y si no, que no lo pidamos. Porque, según somos, si no nos dan lo que queremos (con este libre albedrío que tenemos), no admitiremos lo que el Señor nos diere; porque, aunque sea lo mejor, como no vemos luego el dinero en la mano, nunca nos pensamos ver ricos.

Pues dice el buen Jesús que digamos estas palabras en que pedimos que venga en nosotros un tal reino:

Santificado sea tu nombre, venga en nosotros tu reino.

Ahora mirad, qué sabiduría tan grande de nuestro Maestro. Considero yo aquí y es bien que entendamos, qué pedimos en este reino. Mas como vio su majestad que no podíamos santificar, ni alabar, ni engrandecer, ni glorificar este nombre santo del Padre eterno, conforme a lo poquito que podemos nosotros (de manera que se hiciese como es razón), si no nos proveía su majestad con darnos acá su reino, por ello lo puso el buen Jesús lo uno cabe lo otro. Porque entendamos esto que pedimos, y lo que nos importa importunar por ello, y hacer cuanto pudiéremos para contentar a quien nos lo ha de dar, os quiero decir aquí lo que yo entiendo. El gran bien que me parece a mí hay en el reino del cielo, con otros muchos, es ya no tener cuenta con cosa de la tierra, sino un sosiego y gloria en sí mismos, un alegrarse que se alegren todos, una paz perpetua, una satisfacción grande en sí mismos, que les viene de ver que todos santifican y alaban al Señor, y bendicen su nombre y no le ofende nadie. Todos le aman, y la misma alma no entiende en otra cosa sino en amarle, ni puede dejarle de amar, porque le conoce. Y así le amaríamos acá, aunque no en esta perfección, ni en un ser; mas muy de otra manera le amaríamos de lo que le amamos, si le conociésemos.

RESPONSORIO   

R. El que sabe dar buenos dones a sus hijos nos impulsa a pedir y a buscar. * Recibiremos con más abundancia, si creemos con más confianza, y esperamos con más firmeza, y deseamos con más ardor.
V. Con frecuencia la oración se expresa mejor con gemidos que con palabras, más con el llanto que con los labios.
R. Recibiremos con más abundancia, si creemos con más confianza, y esperamos con más firmeza, y deseamos con más ardor.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios nuestro, que quisiste hacernos hijos de la luz por la adopción de la gracia, concédenos que no seamos envueltos por las tinieblas del error, sino que permanezcamos siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

Déjate iluminar para que puedas iluminar a otros con la Luz de Dios.

  Déjate iluminar para que puedas iluminar a otros con la Luz de Dios. Primera lectura Comienzo de la segunda carta del apóstol san Pablo a ...