martes, 11 de agosto de 2020

No seas rebelde, descubre el bien que Dios te quiere darte!



Ezequiel 2, 8-3, 4
Así dice el Señor: Tú, hijo de Adán, oye lo que te digo: ¡No seas rebelde, como la casa rebelde! Abre la boca y come lo que te doy."
Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un documento enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito en el anverso y en el reverso; tenía escritas elegías, lamentos y ayes.
Y me dijo: Hijo de Adán, come lo que tienes ahí, cómete este volumen y vete a hablar a la casa de Israel." Abrí la boca y me dio a comer el volumen, diciéndome: Hijo de Adán, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te doy." Lo comí, y me supo en la boca dulce como la miel. Y me dijo: Hijo de Adán, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras."
Palabra de Dios


Salmo 118 " Qué dulce al paladar tu promesa, Señor"

Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
En aquel momento, se acercaron los discípulos de Jesús y le preguntaron: ¿Quien es el más importante en el reino de los cielos?
Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.
¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños."
Palabra del Señor


La primera lectura quizás nos suene extraño lo que el Señor nos dice: “ Tú, hijo de Adán, oye lo que te digo: ¡No seas rebelde, como la casa rebelde! Abre la boca y come lo que te doy.". Porque el Señor nos pide que nos comamos Su Palabra? ¿Por qué es tan importante comer la Palabra de Dios?  ¿Qué nos trae para nuestra vida comer la Palabra de Dios?

Cuando comemos algún alimento lo masticamos, lo devoramos, los volvemos en trozos muy pequeños para poderlo tragar.  Así es la Palabra de Dios, al principio nos puede saber agria, incomoda, molesta, pero Dios nos va mostrando poco a poco el bien que nos hace. Quizás puede suceder que al principio la Palabra de Dios no la entendamos, y es porque quizás estamos tratando de entenderla desde el conocimiento humano. Las sagradas escrituras no se leen como un libro común de la biblioteca, hay que pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a discernir lo que leemos. No olvidemos como San Jerónimo decía “ El que desconoce las escrituras desconoce a Dios”. Así es!. Nadie puede hablar de parte de Dios si no ha escuchado a Dios. Algunos tratan de balbucear de las cosas de Dios, pero sus palabras no tienen profundidad, el fuego, la exhortación del mismo Cristo, sus acciones quedan a medio del tintero. Bien lo dicen los santos y algunos místicos “ Hay que contemplar y llevar a los demás el fruto de lo contemplado”.

Es importante leer la Palabra de Dios para poder conocer al mismo Dios y conociendo al mismo Dios acogemos lo que Él trae para nuestra vida. Pidámosle al Buen Dios que nos ayude a despertar en nosotros el deseo de conocerlo, que descubramos su presencia en los diferentes medios en los que se hace presente a través de nosotros, que tengamos la voluntad de acercarnos a Él y contemplarlo para después llevar a los demás el fruto contemplado y que desde la humildad reconozcamos que Él y sólo Él es quien ejerce su gracia y su acción en nosotros. Amen.

Hoy Jesús nos quiere devolver a la infancia y pareciera que es un retroceso. Algunos podemos decir “ Volver a la infancia es volver a pasar por elementaria, el bachillerato, comenzar la universidad, mejor dicho es aprender todo lo que ya se”. Jesús no se refiere a eso. Lo que Jesús quiere más bien es que hay que desprenderse de lo que nos sobra. Los niños son seres descomplicados, dependientes de sus padres, no guardan rencor, disfrutan de cada cosa que les trae la vida. La vida del niño no está tan cargada de cosas que le pesan, como es el orgullo, la desconfianza, el temor, las dependencias, los apegos, la autosuficiencia. Jesús nos invita a que tomemos el camino de los niños, el camino quien se descubre indefenso, vulnerable, que reconoce su necesidad, que sabe clamar y llamar  a Dios desde su impotencia. Los niños son capaces de lanzarse a los brazos de Cristo para buscar abrigo y protección, busca la mano que lo bendiga y es voz que los levante. El que tenga un corazón de Niño entenderá el evangelio.  

Mi amado Jesús como he sido de rebelde para reconocer tu voz que me aconseja una y otra vez más para mi bien. Por causa de mi rebeldía he terminado golpeándome y lastimándome. Yo se que tu no quieres eso para mi, por eso con amor hoy me pides que sea niño, que recupere lo que dejé perder. Solo tu eres capaz de restaurar todo lo que hay en mi, y para yo ser restaurada solo esperas que yo clame y te llame desde el fondo de mi corazón. Dame la gracia de ser como un niño quien se descubre indefenso, vulnerable y quien reconoce que solo en tus brazos tendrás el abrigo y la protección que tanto necesito. Amen.

Dios te bendiga,

¡¡¡Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!



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† Que la paz y el Amor del Señor permanezca en tu corazón como en el mio...
     Sandra Yudy Zapata Escudero

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Santa Misa

Lectio Divina Agosto 11

 ATIENDE A LA POBREZA, LA HUMILDAD Y LA CARIDAD DE CRISTO.


Dichoso, en verdad, aquel a quien le es dado alimentarse en el sagrado banquete y unirse en lo íntimo de su corazón a aquel cuya belleza admiran sin cesar las multitudes celestiales, cuyo afecto produce afecto, cuya contemplación da nueva fuerza, cuya benignidad sacia, cuya suavidad llena el alma, cuyo recuerdo ilumina suavemente, cuya fragancia retornará los muertos a la vida y cuya visión gloriosa hará felices a los ciudadanos de la Jerusalén celestial: él es el brillo de la gloria eterna, un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha, el espejo que debes mirar cada día, oh reina, esposa de Jesucristo, y observar en él reflejada tu faz, para que así te vistas y adornes por dentro y por fuera con toda la variedad de flores de las diversas virtudes, que son las que han de constituir tu vestido y tu adorno, como conviene a una hija y esposa castísima del Rey supremo. En este espejo brilla la dichosa pobreza, la santa humildad y la inefable caridad, como puedes observar si, con la gracia de Dios, vas recorriendo sus diversas partes.

Atiende al principio de este espejo, quiero decir a la pobreza de aquel que fue puesto en un pesebre y envuelto en pañales. ¡Oh admirable humildad, oh pasmosa pobreza! El Rey de los ángeles, el Señor del cielo y de la tierra es reclinado en un pesebre. En el medio del espejo considera la humildad, al menos la dichosa pobreza, los innumerables trabajos y penalidades que sufrió por la redención del género humano. Al final de este mismo espejo contempla la inefable caridad por la que quiso sufrir en la cruz y morir en ella con la clase de muerte más infamante. Este mismo espejo, clavado en la cruz, invitaba a los que pasaban a estas consideraciones, diciendo: ¡Oh vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor! Respondamos nosotros, a sus clamores y gemidos, con una sola voz y un solo espíritu: Mi alma lo recuerda y se derrite de tristeza dentro de mi. De este modo, tu caridad arderá con una fuerza siempre renovada, oh reina del Rey celestial.

Contemplando además sus inefables delicias, sus riquezas y honores perpetuos, y suspirando por el intenso deseo de tu corazón, proclamarás: «Arrástrame tras de ti, y correremos atraídos por el aroma de tus perfumes, esposo celestial. Correré sin desfallecer, hasta que me introduzcas en la sala del festín, hasta que tu mano izquierda esté bajo mi cabeza y tu diestra me abrace felizmente y me beses con los besos deliciosos de tu boca.»
Contemplando estas cosas, dígnate acordarte de ésta tu insignificante madre, y sabe que yo tengo tu agradable recuerdo grabado de modo imborrable en mi corazón, ya que te amo más que nadie.

RESPONSORIO    Sal 72, 26; Flp 3, 8. 9

R. Se consumen mi corazón y mi carne * por Dios, mi herencia eterna.
V. Lo perdí todo, con tal de ganar a Cristo y encontrarme unido a él.
R. Por Dios, mi herencia eterna.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor, Dios nuestro, que concediste a santa Clara un gran amor por la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, seguir a Cristo en la pobreza del espíritu y llegar a contemplarte en tu glorioso reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

viernes, 7 de agosto de 2020

Lectio Divina Agosto 7

 TE DESPOSARÉ, CONMIGO PARA SIEMPRE


En la transformación que el alma tiene en esta vida, pasa la misma aspiración de Dios al alma y del alma a Dios con mucha frecuencia, con subidísimo deleite de amor en el alma, aunque no en revelado y manifiesto grado, como en la otra. Porque esto es lo que entiendo quiso decir san Pablo cuando dijo: Por cuanto sois hijos de Dios, envió Dios en vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, clamando al Padre. Lo cual en los beatíficos de la otra vida y en los perfectos de ésta es en las dichas maneras.

Y no hay que tener por imposible que el alma pueda una cosa tan alta, que el alma aspire en Dios como Dios aspira en ella por modo participado. Porque dado que Dios le haga merced de unirla en la Santísima Trinidad, en que el alma se hace deiforme y Dios por participación, ¿qué increíble cosa es que obre ella también su obra de entendimiento, noticia y amor, o, por mejor decir, la tenga obrada en la Trinidad juntamente con ella como la misma Trinidad?

Y cómo esto sea, no hay más saber ni poder para decirlo, sino dar a entender cómo el Hijo de Dios nos alcanzó este alto estado y nos mereció este subido puesto de poder ser hijos de Dios, como dice san Juan, y así lo pidió al Padre diciendo: Padre, quiero que los que me has dado, que donde yo estoy también ellos estén conmigo, para que vean la claridad que me diste; es a saber, que hagan por participación en nosotros la misma obra que yo por naturaleza, que es aspirar el Espíritu Santo. Y dice más: No ruego, Padre, solamente por estos presentes, sino también por aquellos que han de creer por su doctrina en mí; que todos ellos sean una misma cosa. Y yo la claridad que me has dado he dado a ellos para que sean una misma cosa, como nosotros somos una misma cosa, yo en ellos y tú en mí, porque sean perfectos en uno; porque conozca el mundo que tú me enviaste, y los amaste como me amaste a mí, que es comunicándoles el mismo amor que al Hijo, aunque no naturalmente como al Hijo, sino, como habemos dicho, por unidad y transformación de amor. Como tampoco se entiende aquí quiere decir el Hijo al Padre, que sean los santos una cosa esencial y naturalmente como lo son el Padre y el Hijo; sino que lo sean por unión de amor, como el Padre y el Hijo están en unidad de amor.

De donde las almas esos mismos bienes poseen por participación que él por naturaleza; por lo cual verdaderamente son dioses por participación, iguales y compañeros suyos de Dios. De donde san Pedro dijo: Gracia y paz sea cumplida y perfecta en vosotros en el conocimiento de Dios y de Jesucristo nuestro Señor, de la manera que nos son dadas todas las cosas de su divina virtud para la vida y la piedad, por el conocimiento de aquel que nos llamó con su propia gloria y virtud, por el cual muy grandes y preciosas promesas nos dio, para que por estas cosas seamos hechos compañeros de la divina naturaleza. Hasta aquí son palabras de san Pedro, en las cuales da claramente a entender que el alma participará al mismo Dios, que será obrando en él, acompañadamente con él, la obra de la Santísima Trinidad, de la manera que habemos dicho, por causa de la unión sustancial entre el alma y Dios. Lo cual, aunque se cumple perfectamente en la otra vida, todavía en ésta, cuando se llega al estado perfecto, como decimos ha llegado aquí el alma, se alcanza gran rastro y sabor de ella.

¡Oh, almas criadas para estas grandezas y para ellas llamadas!, ¿qué hacéis?, ¿en qué os entretenéis? ¡Oh miserable ceguera de los ojos de vuestra alma; pues para tanta luz estáis ciegos y para tan grandes voces sordos!

RESPONSORIO    1Jn 3, la. 2

R. Mirad qué amor nos ha tenido el Padre * para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!
V. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
R. Para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor, danos tu misericordia y atiende a las súplicas de tus hijos; concede la tranquilidad y la paz a los que nos gloriamos de tenerte como creador y como guía, y consérvalas en nosotros para siempre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

jueves, 6 de agosto de 2020

La transfiguracion del Senor la necesitamos que ocurra una vez en nuestra vida

La transfiguración del Señor la necesitamos que ocurra un avez en nuestra vida.

Daniel 7,9-10.13-14
Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.
Palabra de Dios


Salmo 96 " El Señor reina, altísimo sobre la tierra "

2 Pedro 1,16-19
Queridos hermanos: Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: "Éste es mi Hijo amado, mi predilecto." Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.
Palabra de Dios


Mateo 17,1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: "Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo." Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levantaos, no temáis." Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos."
Palabra del Señor


Porque digo que necesitamos que la transfiguración del Señor nos ocurra un avez en nuestra vida?

Hace algunos días me llamó la atención al padre Fray Alejandro Tobón quien explica la importancia de la comunión espiritual con Cristo. Somos seres espirituales como también seres carnales. Depende de lo que nosotros más alimentemos nos definirá si nos domina la carnalidad o si nos esforzamos para la vida espiritual, entonces  seremos más espirituales. Santa Teresa de Jesús nos dice que para llegar a la comunión espiritual con Cristo necesitamos la oración y para ella hay cuatro estados de oración, hoy solo tomaremos los dos primeros grados de la oración.

Si queremos tener una comunión espiritual con Cristo el único camino es la oración. Ahora bien, se preguntarán qué relación tiene el evangelio, la transfiguración del Señor,  con la comunión espiritual? Mucho que ver y vamos a ver el porqué.

El primer estado de la oración la Santa lo define como cuando encontramos un pozo de agua,  sabemos que en el fondo del pozo hay agua, pero tenemos que tomar una cuerda y un balde para sacar el agua. Esto significa que necesitamos hacer un esfuerzo de parte de nosotros. Nos podemos ayudar con devociones, con jaculatorias, con música de ambientación, con una vela, con una imagen, tomando una parte del evangelio y ponerlo en primera persona, leer los salmos y ajustarlo a la experiencia personal. Así descubriremos cómo Dios nos habla en su Palabra, descubrir su presencia en cosas tan sencillas como un amanecer, en el aire, en el canto de los pájaros, en la creación, cuando te encuentras con un amigo. Por eso no podemos desesperarnos si no sentimos nada, todo toma tiempo. No es mirar el tiempo, más bien disfrutar ese momento que tenemos con el Señor y dejar que fluyan las emociones.  

 El segundo grado de la oración es cuando la persona ve en sí con certeza que estuvo el Señor con ella porque va creciendo en virtudes. Esto es, empieza a perder la codicia de las cosas de este mundo, empieza a desear tener más tiempo con el amado buscando la soledad porque quiere gozar más de aquel bien, y el Señor va encendiendo en el alma el verdadero amor suyo. El alma siente en sí que la oración es el principio de todos los bienes y por nada querría dejarla.  Ayúdate por ejemplo con una imagen de Cristo, y utiliza tu mente y traelo y siéntalo al frente tuyo. Hablale como si le estuvieras hablando con un amigo. Cuando vas para el trabajo, o si estás en casa, hablale. Siente que Él te acompaña en todo momento y te habla, El te dice que debes y que no debes de hacer.

 Ahora bien, Qué les sucedió a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan cuando Jesús lo llevó aparte a una montaña alta?  Dice la lectura que Jesús se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Podemos deducir que a ellos lo que les sucedió fue que tuvieron una experiencia profunda con Jesús. Jesús los lleva a la montaña como símbolo para que se aparten de lo que les acongoja, lo que te preocupa,  lo que les roba su paz. Estar en la montaña con Jesús es como estar frente al sagrario, donde El me mira y yo lo miro, donde no hay distancia entre El y tu, porque solo una mirada es suficiente. Cuando permites tener esas sensaciones, esa experiencia de Jesús en tu vida, cuando te sientes amado por la misma fuente de amor, te das cuenta que ese es el amor que trae el verdadero sentido a tu vida.
Es por eso que digo que la experiencia de transfiguración de nuestro Señor lo deberíamos de tener aunque sea una vez en la vida, porque cuando Jesús entra a tu vida, Él la transforma de tal manera que el mismo Dios puede decir “ Este es mi hijo o mi hija amada a quien me complazco”, lo que significa que tu y yo complacemos a Dios en todo lo que hacemos. Y es que cuando nos acercamos al mismo Cristo y dejamos que Él obre en nosotros entonces lo estamos glorificando con nuestro actuar. De esta manera daremos testimonio que Dios existe y que Cristo es el hijo de Dios.

Mi amado Jesús, hoy me invitas a que suba a la montaña para para apartarme y dejar a una lado mis preocupaciones, mis tristezas, mis seguridades, mis angustias. Como me cuesta hacerlo porque significa soltar. Ayudame a poder soltar todo aquello que me limita, que me pesa, que no me deja avanzar. Lo necesito hacer para poder tomar tu mano y caminar a donde tu me quieres llevar. El lugar donde me llevas me abre los ojos para ver con claridad tus maravillas y confirmar la fe que tengo. Dame la gracia Jesús de acoger tu llamado, de subir a la montaña y tomar el tiempo para estar a solas contigo. Amen.

Dios te bendiga,

Alabado sea Jesucristo por siempre sea alabado!!!--

† Que la paz y el Amor del Señor permanezca en tu corazón como en el mio...
     Sandra Yudy Zapata Escudero

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Lectio Divina

QUE BIEN ESTARÍA QUEDARNOS AQUÍ

El misterio que hoy celebramos lo manifestó Jesús a sus discípulos en el monte Tabor. En efecto, después de haberles hablado, mientras iba con ellos, acerca del reino y de su segunda venida gloriosa, teniendo en cuenta que quizá no estaban muy convencidos de lo que les había anunciado acerca del reino y deseando infundir en sus corazones una firmísima e intima convicción, de modo que por lo presente creyeran en lo futuro, realizó ante sus ojos aquella admirable manifestación, en el monte Tabor, como una imagen prefigurativa del reino de los cielos. Era como si les dijese: «El tiempo que ha de transcurrir antes de que se realicen mis predicciones no ha de ser motivo de que vuestra fe se debilite, y por esto, ahora mismo, en el tiempo presente, os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán, sin haber visto al Hijo del hombre presentarse con la gloria de su Padre.»

Y el evangelista, para mostrar que el poder de Cristo estaba en armonía con su voluntad, añade: Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un alto monte, y se transfiguró en su presencia; su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Éstas son las maravillas de la presente solemnidad, éste es el misterio, saludable para nosotros, que ahora se ha cumplido en el monte, ya que ahora nos reúne la muerte y, al mismo tiempo, la festividad de Cristo. Por esto, para que podamos penetrar, junto con los elegidos entre los discípulos inspirados por Dios, el sentido profundo de estos inefables y sagrados misterios, escuchemos la voz divina y sagrada que nos llama con insistencia desde lo alto, desde la cumbre del monte.

Debemos apresurarnos a ir hacia allí -así me atrevo a decirlo- como Jesús, que allí en el cielo es nuestro guía y precursor, con quien brillaremos con nuestra mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra alma, hechos conformes a su imagen, y, como él, transfigurados continuamente y hechos participes de la naturaleza divina, y dispuestos para los dones celestiales.

Corramos hacia allí, animosos y alegres, y penetremos en la intimidad de la nube, a imitación de Moisés y Elías, o de Santiago y Juan. Seamos como Pedro, arrebatado por la visión y aparición divina, transfigurado por aquella hermosa transfiguración, desasido del mundo, abstraído de la tierra; despojémonos de lo carnal, dejemos lo creado y volvámonos al Creador, al que Pedro, fuera de sí, dijo: Señor, qué bien estaría quedamos aquí.

Ciertamente, Pedro, en verdad qué bien estaría quedarnos aquí con Jesús, y permanecer aquí para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: Qué bien estaría quedanos aquí, donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha venido la salud a esta casa, donde con Cristo se hallan acumulados los tesoros de los bienes eternos, donde hallamos reproducidas, como en un espejo, las imágenes de las realidades futuras.

RESPONSORIO    Mt 17, 2. 3; cf. Lc 9, 32. 34

R. El rostro de Jesús se puso brillante como el sol; * y los discípulos, al contemplarlo circundado de gloria, se llenaron de temor.
V. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús.
R. Y los discípulos, al contemplarlo circundado de gloria, se llenaron de temor.

Santa Misa


Déjate iluminar para que puedas iluminar a otros con la Luz de Dios.

  Déjate iluminar para que puedas iluminar a otros con la Luz de Dios. Primera lectura Comienzo de la segunda carta del apóstol san Pablo a ...